EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

domingo, 5 de junio de 2016

PABLO CRUZ AGUIRRE






Digamos que no ando por la vida en busca de inspiración para escribir: en todo caso, busco esas cosas que pueden resultar inspiradoras -libros, fotos, música, películas, anécdotas ajenas- porque que me interesan. Luego se me ocurren cosas; luego decido escribirlas.
Me sucedió con un disco de John Cale -The academy in peril-, que me ayudó a escribir un texto completo. Es un disco de piano, cuerdas, con partes orquestales, casi todo instrumental, bastante raro, que por momentos parece la banda de sonido de una película vieja y que escuchaba muy seguido. De a poco, sin proponérmelo, le fui inventando una historia a esa música. 
También me pasa que las películas o cosas que veo en la pantalla me dan ideas, aunque no necesariamente esas ideas tengan que ver con la historia de esa película o de lo que estoy viendo. Hace poco escribí estos textos que estoy puliendo en base a L’avventura de Antonioni.
En Buenos Aires comencé a coleccionar fotos que encontraba de la calle, y llegué a formar una colección bastante grande (www.elburrodecapilla/FE). Actualmente participo de un grupo de Facebook dedicado a compartir fotos encontradas y veo a diario montones de fotos ajenas, y de algún modo todas esas imágenes deben pasar a formar parte del proceso.
En un texto/canción de Laurie Anderson, ella cuenta que suele merodear cerca de los teléfonos públicos de los aeropuertos para escuchar las conversaciones ajenas; dice que considera que su función como artista es la de ser una espía.

El hecho de vivir alejado de la ciudad y de haber perdido la urgencia por publicar hacen que muy a menudo comparta mis pequeños textos en el Facebook con las pocas personas con las que me relaciono; en mi caso, la necesidad de publicar en papel se ha disuelto o por el momento ha perdido sentido.
La naturaleza es también un nuevo aspecto para observar. Se repiten las estaciones pero siguen apareciendo novedades: insectos, aves, bichos, plantas, temporadas de sequía o de lluvias, crecidas. Recorrer el campo, los ríos, el monte casi virgen; hablar con un baquiano; escuchar las historias de los primeros pobladores de esta región, es renovador, totalmente distinto a lo que le depara a uno la vida de la ciudad.
Es claro que no soy el primer tipo que vive este tipo de cambio, pero sí es la primera -la segunda- vez en mi vida que me ocurre esto, y en esta oportunidad el cambio ha sido mucho más drástico, ya que he dejado atrás la ciudad y me he mudado a un lugar apartado y desconocido para mí.

Ungaretti dice: Cerco un paese innocente. En muchos sentidos, mi pueblo actual es una región bastante inocente. Conozco personas que nunca fueron ni siquiera a Córdoba capital -no hablemos de Buenos Aires-, que no tienen ni idea de lo que es vivir en un edificio, rodeado de desconocidos, o de trabajar en una oficina. Todas sus vidas han transcurrido aquí mismo, al igual que las de sus padres y abuelos. Sin embargo, al escarbar un poco, uno puede encontrar en la charla muchísimo material interesante. Un albañil que conozco, por ejemplo, me contó esta anécdota: hace algunos años, alguien de plata, un político del pueblo, lo reclutó a él y a un grupo de muchachos para remodelar una casa en Olivos, en Buenos Aires, una casa muy lujosa. Acá escasea mucho el trabajo, pero parece que en esa época la cosa estaba peor, y la perspectiva de cobrar buena guita y de conocer Buenos Aires los entusiasmó. Así fue que los mandaron a Buenos Aires y los pusieron a trabajar en la casa, cambiando pisos, pintando, en fin: hicieron la casa a nuevo. Pero pronto comenzaron a darse cuenta de que la plata o los materiales ya no les llegaban, de que el encargado no aparecía por la obra. Los tipos no tenían ni idea de dónde ir ni cómo ubicarlo, apenas se animaban a salir de la casa remodelada: quedaron aislados en plena ciudad, porque en el barrio nadie los conocía y hasta desconfiaban de ellos. No me acuerdo ahora de cómo termina la cosa, pero me encanta este tipo de material.
Los viajes en moto por la ruta también son momentos especiales para ordenar ideas, incorporar imágenes, procesar material. El “moldecito” del haiku es algo que últimamente he usado para escribir, con métrica seguramente pifiada, sobre temas campestres o serranas o de lo que fuera, cosas que me resultan divertidas .

Acerca de mis lecturas, las elijo en forma azarosa. Casi nunca compro libros nuevos ni voy a la librería en busca de determinado libro. Tampoco tengo muchas oportunidades de ver libros viejos, pero despunto ese vicio bajando de gutemberg.org montones de cosas que elijo por el título, para hojearlas, guardarlas, leerlas de a poco, o borrarlas. Por ejemplo: ahora mismo estoy leyendo las memorias de un coleccionista de libros, en el que habla de sus hallazgos y de las épocas de gloria en el Londres de fines del siglo XIX, que es interesantísimo y está lleno de anécdotas divertidas.

Pero quizá sea que todas estas cosas sólo nos sirven para ayudarnos a agitar o ayudar que aflore lo que está adentro de uno: los recuerdos, las pasiones personales y los conflictos, las impresiones que nos dejaron las primeras lecturas. En un reportaje, Graham Greene explicaba que casi toda su obra literaria estaba basada en situaciones y personajes de la escuela, que lo habían marcado para toda la vida. Darío Canton, al ver a un camión cargado de obreros en el campus de la universidad de Berkeley, se acordó de haber visto las multitudes yendo hacia la Plaza de Mayo, y ese recuerdo le sirvió para empezar con La saga del peronismo.

No estoy escribiendo mucho o estoy ocupado con cosas más urgentes, pero apunto en una carpeta todas las ideas, temas y sueños que surgen. A veces pienso en esta inacción y por momentos me entristece; luego recuerdo esa hermosa frase de la protagonista de la película La heredera, basada en el libro de Henry James: La felicidad es mejor que el arte.

Con respecto a las sensaciones físicas que acompañan mi escritura, no podría dar ninguna precisión, salvo una especie de envión como el que se alcanza al correr o al caer, porque escribo casi todo de un tirón, a menudo con muchos errores ya que soy lento para tipear; quizá se parezca a la prisa que uno podría tener cuando pone un sueño por escrito, por temor a que se le olvide.


Poemas

de Bracanalto

Huida a través de una galería repleta de enanos con maracas. Al final de la galería, un trono que hace un instante estaba ocupado, que aún está tibio.
Una torre edificada con piedras desiguales. La hiedra que la cubre entra por las ventanas. La luz de las velas que ilumina la torre por dentro sale por las ventanas e ilumina la hiedra.
Violas: la caída de una polilla ardida por las velas.
El aroma del tabaco crudo, antes de arder.
El fuego reflejado en el agua helada.
El pelaje de los perros que lamen sus manos.
El olor del peltre mohoso mezclado con el del vino, ambos percibidos por la nariz dentro de la jarra.
Esperma de ballena. El vapor de la sangre al mezclarse con el agua salada helada.
El sabor amargo de las uvas pequeñas, mezcladas con las grandes, más dulces.
Compañeros de cadalso: plumas de faisanes manchadas de sangre de liebre.
Pollos entre las patas de los caballos. La tristeza que produce el olor de las alfombras húmedas. Un tenedor se ha caído dentro de la salsa. Un puñado de clavos de olor apretados en la mano sudorosa de la nueva criada.
Trompas: la llegada del carruaje que trae el cuerpo del príncipe. Fue hallado en el lago en deshielo, un año hace que se ha perdido. No obstante, la reina ordena que lo lleven de inmediato junto al fuego.





I

A la hora de partir
nunca estaban todos:
siempre había alguien
a quien buscar

luego
cuando aparecía
era otro
el que faltaba

a veces
alguien
se olvidaba
quién era el que faltaba
y los gritos
creaban confusión
en la partida

a veces
uno de los que buscaba
se perdía sin saberlo
o era dado por perdido
sin estarlo

a veces
desde lo alto
alguien veía a alguien
y creía haber encontrado
al que se buscaba
pero luego
resultaba que no

a veces
dos que buscaban
se encontraban
y se tomaban ambos
por el que faltaba

a veces
alguien escuchaba
que gritaban su nombre
y entonces se enteraba
de que lo estaban buscando

así caía la noche
y con la luz de la luna
surgían nuevos rincones


***


II

A medio camino
pasamos por un pueblo
con edificios y casas y calles nuevas
como si nunca hubieran sido usados
como una gran casa cerrada
a causa de un viaje
como una gran casa a estrenar
que sin saberlo espera
a sus futuros dueños

los anuncios de aperitivos
los nombres de las calles
las consignas políticas en las paredes
hacían pensar en esos letreros
que los comerciantes ponen
en sus puertas
diciendo
regreso enseguida

No llegamos a ver
cómo eran aquellas casas
ni qué había adentro de ellas
ni siquiera pudimos espiar
por entre los pliegues de las cortinas
o a través de las ranuras de los buzones

un viento caliente cargado de polvo
pulía los vidrios y el cromo de los picaportes
y hamacaba los cables telefónicos

Durante el resto del viaje
a menudo volvíamos a pensar en aquella ciudad
y nos preguntábamos acerca de los ausentes


Haikus


Unos que pasan/ en una F-100 blanca/ siempre saludan
Un higo solo/ dio nuestra higuera nueva/ pero dulcísimo
Dos rayas verdes/ sobre un fondo celeste:/ pasan dos loros
Un perro viejo/ y una vieja muy vieja/ pasean juntos
¿Me ladra o me habla/ ese perro pequeño/ con cara humana?
¿Qué es lo que traes,/ gato de la memoria,/ entre tus dientes?
Eso que vimos/ entre relámpagos/ era un caballo
Dos pajaritos/ arriba de un caballo/ van de paseo
Pasan dos viejos:/ un caballito blanco/ los sigue suelto
En el basural/ el caballito muerto/ sigue sonriendo
El aire tiene/ un alto porcentaje/ de golondrinas
Las tijeretas/ son como golondrinas/ versión deluxe
Las golondrinas/ cuando se juntan muchas/ son el verano
Las golondrinas/ nunca escucharon hablar/ de ese tal Bécquer


S/T

En sueños me asomaba por la cortina de la cocina y veía en el portón una especie de centauro petiso, todo cubierto por pelo blanco y negro enrulado, con manchas similares al de un dálmata, desde las pezuñas hasta la cabeza humana. El cuerpo era más de chivo o de perro grande que de caballo. Los perros lo rodeaban y lo olfateaban extrañados. Llevaba unas carpetas en las manos y parecía esperar a que lo atendieran: yo me quedaba escondido observándolo.


S/T

En el potrero del fondo de la escuela, un caballo blanco se mira en una chapa de acero inoxidable que han puesto para tapiar una ventana. Se acerca, la empuja con el hocico, la chapa hace ruido, se asusta, se aleja unos metros, espera, luego vuelve.


S/T

En el alero de una casa nueva
veo al paisano viejito emponchado
tomando el sol de la mañana

Sigue ahí cuando paso de vuelta
pero ahora una muchacha
le está dando algo con una cuchara

El viejo me mira y me sonríe
como diciendo: "Mirá qué vida"


Ayuda mnemotécnica para apostadores

Pone sus huevos (00) en agua (01) el niño (02) y se arrodilla ante la imagen de San Cono (03). En la cama (04), el gato (05) y el perro (06) juegan con un revólver (07). Un incendio (08) en el arroyo (09) se apaga con leche (10). Palito (11), el soldado (12) yeta (13), se emborracha (14) pensando en la niña bonita (15) mientras frota su anillo (16). La desgracia (17), sangre (18) y pescado (19) en la fiesta (20) de la mujer (21) y el loco (22). La mariposa (23), a caballo (24) de una gallina (25), se dirige a misa (26) mientras se peina (27). En el cerro (28), San Pedro (29) y Santa Rosa (30) buscan en la luz (31) el dinero (32) de Cristo (33). Cabezas (34) de pajaritos (35) fritas en manteca (36). El dentista (37) arroja aceite (38) en la lluvia (39). El cura (40) oculta el cuchillo (41) en su zapatilla (42) y se asoma al balcón (43) de la cárcel (44). Vino (45) y tomates (46): así recibió el muerto (47) al muerto que habla (48). La carne (49), el pan (50), el serrucho (51), la madre (52), el barco (53), la vaca (54): así razonaban los gallegos (55). Cae (56) un jorobado (57), ahogado (58) de la planta (59). La virgen (60) y la escopeta (61), luego de la inundación (62) y antes del casamiento (63), lloran (64) al cazador (65) de lombrices (66). La víbora (67) y sus sobrinos (68) apenas juntan para los vicios (69). Muerto de sueño (70), el excremento (71) visita  sorpresivamente (72) el hospital (73) para gente negra (74). El payaso (75) en llamas (76) contempla las piernas (77) de la ramera (78). El ladrón (79) y el Bocha (80) Flores (81) pelean (82) si hay mal tiempo (83) en una iglesia (84). La linterna (85) de humo (86) ilumina y ahuma los piojos (87) de El Papa (88). La rata (89) asusta (90) en el excusado (91). El médico (92) enamorado (93) del cementerio (94). Los anteojos (95) del marido (96) en la mesa (97) de la lavandera (98) y sus hermanos (99).


Pablo Cruz Aguirre


Me llamo Pablo Cruz Aguirre. Nací en 1970 en Puerto Belgrano y me crié en Mar del Plata. Luego de la secundaria me fui a vivir a Buenos Aires para estudiar la carrera de Publicidad.
A mediados de los noventa publiqué Perro negro siempre malo y Currículum vitae (Ediciones Del Diego), dos libros de poemas, y más recientemente Bracanalto (Vox), una recopilación de textos de diversos orígenes y registros.
Vivo hace casi diez años con mi mujer y mis dos hijos en Capilla del Monte, Córdoba. Trabajo en una revista local llamada EL BURRO.
pabloxaguirre@gmail.com


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