EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

lunes, 4 de julio de 2016

ANA CLAUDIA DÍAZ




Las palabras, la forma en que ruedan dentro de un verso, el sonido que generan al rozarse, las palabras que están adentro de las palabras, la pausa, el sentido, el múltiple sentido. Las separo, las junto, las invento. Las busco en el diccionario y luego, el significado de una palabra que salió de otra palabra y así, es mi infinito viajar. Me gusta resignificarlas, encenderlas. Le presto atención al tiempo, a las distintas formas de medirlo, de pensarlo, al mecanismo del mar, al movimiento de las olas, que siempre parece el mismo pero que en cada vez es distinto, así la escritura, una experiencia que se regenera una y otra vez.


La sensación al momento de escribir, el “trance”. El cuerpo responde a la mente, cede y viceversa, el cuerpo es un canal, la escritura también. En relación al cuerpo y al arte, sigo adorando un fragmento de Artaud, que pertenece el ensayo Dos naciones en los confines de Mongolia (El cine. 1973),  lo tengo hecho poster en mi biblioteca. Artaud, que para mí, tiene todo que ver con el arte y el cuerpo: 


Potencia del sentido,
supremacía de la calidad.
Usted interpreta una obra. Diez mil sentidos están encima de cada frase, de cada palabra, de la menor entonación.
Añada entonaciones similares, cultive todas las posibles y verá usted lo que puede salir de ahí.
Observe mi cabeza, a mí que estoy hablando.
Todo el interés de lo que digo parecería estar en mi discurso, error, en el menor gesto de los músculos de mi rostro, puedo crearle mundos de imágenes, instantáneas, abandonándome simplemente a todas las modulaciones de mi deseo interior, de mi apetito de vivir, modelando sus sensaciones.
Vean.

Antonin Artaud



Poemas



Punto lobo

Río al entramar mi vértebra 
un jardín enorme de sal la verdad
busco todas las bocas descarriladas 
sus bordes para iluminar el vacio su fuga 
los lindes de un molusco amor 
las curvas del mundo el gesto que se estadía.

Punto lobo en la maleza la memoria ahonda abismo 
a destiempo es mi palabra descifrable 
borrando la ondulación puedo encontrar en el degrade 
la amenaza de tu nombre 
esa trémula trama intencional 
se pliega en la grieta donde discrepa 
enmoheciendo como una ciénaga despierta 
desharé el frenesí de su sonido 
desoiré toda alucinación del sentido 
¿paraliza con sus hilos la razón el mar? 
solo hasta que brote su piel 
anaranjada barba piélago del sol y nos alcance. 



Mantra

La insolación
condición de peligro frente a la agonía
la crueldad del cuerpo como un cuchillo
como una mentira madura a punto de estallar
a esa posibilidad
un ostracismo
un mantra

indecisos ciervos atraviesan mi mente
con el pelo rojizo que les da el verano
yo trepo por sus cuernos ramosos
para ver más allá
como por una escalera de trenzas de pasto seco
una hilera de hormigas morenas se discurren lentamente
hasta llegar al barro o a las maderas
me acoplo a sus ojos
tratando de rasgar el futuro espeso
con el único afán de seguir hasta el hartazgo
levemente.



Casas de adobe donde parar

El cangrejo que vela con su armadura mi destino
me deja ser una rosa montés que nace
intrépida en el trópico de la razón
se reviste en la luz sonrosada de la aurora austral
infunde sobre nosotros el encuentro.
Comunión que va delante en el tiempo
y precede un paralelo al suelo de mi imaginación
como amparo para guarecerse de las inclemencias sin abrigo
del riesgo que se vierte íntegro, a los puntos cardinales
para desatinar el desuso del corazón.
Tanto y tanto sonido superflúo solo provoca curiosidad
para después volver a la concordia de saber
que donde hay paz, todos cantamos a la vez e imitamos
los acordes de un tero.
Ahí estamos, nosotros, como infantes
coros y ornamentas nos protegieron del recelo insuperable
del alarde áspero que trae consigo
el carbón costero en las mañanas de invierno.
Hay un descubierto cubierto
con manta de alpaca en mis hombros
una secuencia de adornos que hay que arreglar.
Las semillas de la planta de al lado
el crisolito de los arbustos de lino que lo embellece todo.
Y nuestros rostros se secan al aire.



Teorema de espaldas

Solo tenemos miedo
al multitudinario caer de peras
sobre nuestras cabezas, nada más.
Incluso si y solo si
estamos reposando bajo un olmo
del bosque en otoño.
Ahora, cae el cuerpo pesado sobre la misma silla
y nadie sabe que lo que se carga
sobre las espaldas al subir la montaña
es para emancipar el rebote.
Los cuentos indios nos dicen
que hay muchos lugares desde donde
se deja ver esa constelación de estrellas
que nos separa en segundos.
Aros amarillos de cielos profundos que varían y templan.
Arcos que titilan y desaparecen si es que uno los quiere agarrar.
Ajeados también nuestros rostros, de tanta arena que vuela
ahí arriba repletas de vestigios
quedaron las señales que eran signo de la realidad
rasgos entrelazados, y cada una de las partes iguales del tiempo
en que elegimos regresar hasta la culpa, luciéndonos.


Ana Claudia Díaz


Nací Santa Teresita, una localidad balnearia, el 31 de diciembre de 1983. 
Publique las plaquetas de poesía plegable Vuelto Vudú, La ecología de las poblaciones y Al antojo de las anémonas y los libros Limbo, Conspiración de perlas que trasmigran y Una cartografía de la insolación. 
También escribo reseñas en revistas de poesía.
Y ahora, durante los inviernos, vivo en Buenos Aires.


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