EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

sábado, 30 de julio de 2016

CAROLINA BISCAYART




Veo poesía en todos los lugares, en muchas personas, en los mínimos sucesos y un cuaderno siempre está conmigo, y permite que deje constancia de esos “darse cuenta” diarios. Hacerlo, para mí es necesario, y es alivio. Tengo obsesión por lo no dicho o por lo que es unilateralmente dicho y necesito decirlo de otra forma, imaginar otras miradas y que mi poesía o algún personaje lo cuente. Siento así, que algo se libera. También que ante la extrañeza de oír de un modo diferente y a la vez genuino, no hay posibilidad de ataque ni de autodestrucción. La poesía crea pequeñas verdades que no pretenden ser verdades absolutas. Creo en esa humanidad particular del poema que construye un colectivo más sensible. Creo que la poesía, como cualquier manifestación del arte, es una forma de encuentro, una manera de mostrar, una ventana a la libertad siempre. Concibo el arte desde su complejidad, y de acuerdo a como sea esa composición, se accede al placer, a la reflexión, a la evolución. Por eso hay un oficio necesario. Un oficio donde una piedra en bruto va tomando forma, brillo, resalta su color. En mi caso en la construcción de un texto, estoy yo en mi tiempo y con mi historia, la gente cercana, la gente que uno guarda aunque no conozca, ideas que surgen o llegan, revoluciones internas y externas, observación minuciosa, realidad concreta, caudal onírico o emocional, búsquedas intuitivas etc. Todo eso es materia prima. Luego viene el labrado, la búsqueda de formas mejores, las palabras más certeras. Y después del trabajo un poema es despojo, es algo más simple, más puro, más elemental, más cierto. No hay un tema para mí al escribir, hay un modo de mirar un tema, cada tema.  Y ese abordaje me lleva a mi verdad personal, a un sinceramiento, a una soledad apacible sin mancha y sin remedio. Siento que a ese lugar voy muy seguido al escribir y siento que leer a otros poetas me despierta, me traslada, me derrama. Me encanta la pintura, el cine, la música, el teatro, también nuevas formas visuales, me alimento mucho de eso. Veo una pintura o salgo del cine y alguna frase que necesito escribir con urgencia ronda en mi cabeza, ponerle palabras es lo que después me trae más palabras o una nueva idea. También me encantan los momentos compartidos.  Así quedan imágenes, percepciones muy fuertes a las que si puedo les doy nombre, si no le ofrezco palabras. Imágenes que no olvido, y vienen sin ser llamadas en el momento oportuno de la escritura. Me gusta ver la originalidad basada en grandes recorridos, admiro esos saltos. Me inspiran.

Todo pasa por el cuerpo que tiembla, sube y baja su ritmo cardíaco, se relaja, se tensa, se emociona. El cuerpo, sin moverse viaja. Sé que mi cuerpo sabe mucho más que yo, que lo que la mente me señala. Suelo decirme “esto está bien” cuando mi cuerpo tiene un silencio profundo, una alegría sin la gestualidad asociada a la alegría, cuando no siente ni frío ni calor, cuando se sienta y puede cerrar los ojos.



Poemas

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PARADOJA

Bienaventurada la sinrazón de los pájaros
sus inexactos modos de volar.

La razón es un círculo. 

Ahí podría guardar mis alas
magníficas, impecables
Después de todo, qué sé yo de los pájaros.



PRESENTE 

lo que no nace
tampoco se reserva su belleza
para otro mundo

Florencia Abadi


Pacto con esta hora esférica
no detenerme en detalles, 
en cómo se estiran y deforman 
las ventanas iluminadas,
la sombra de mi cara,
o el mate que sostengo.

Hora burbuja, 
espejismo hipnótico.

No pretenderé saber lo que hay detrás
curvando mi cuerpo,
las paredes, las fotos.
Todo es tan elástico. 
Tan capaz de seguir resistiendo
esta forma de hora.

No me pondré a pensar 
en esas cosas inútiles de ver
como espejos,
como libros sentidos sobre la mesa
con dedicatorias muertas.

No pensaré en las horas 
anteriores a ésta.
En ninguna.

Hora esférica,
pondré mi cabeza dentro tuyo,
luego entraré entera.
Seré parte de vos
hasta romperme.

No quiero nada ajeno a tus minutos.
Dejame entrar  
y acurrucarme en tus paredes cóncavas.
como en un útero.



NOCHE PUERIL

Los chicos ríen en el patio.

La luna es un plato
en el cual mi cena está servida.

Es la única forma de alimentarme
ahora que soy grande
y hay que arriar a los niños 
hacia platos con comida caliente
y resguardar su risa.



SUBMUNDO

En la luna
hay una máquina
hay una antena
hay una arteria
hay un derrame hacia la tierra
hay árboles que parecen caracoles
hay huellas
hay cosas escritas como cráteres 

Las flores de la luna no tienen pétalos
tienen voces.


DESCOSIDA

Nací sin terminar
hecha a medias
la mollerita abierta decía la enfermera
hay que cuidarla hasta que cierre
los fórceps no ayudaron.

Por la grieta
sin prueba empírica
las certezas
en medio de esta jauría
de escépticos que muerden cada tanto
mi carne, a su vacío.

Abierta como un tajo para siempre
a un canto sin oídos
pájaros a punto de volar
abren las alas y quedan dentro.
Las grietas no son puertas.

Son parte de Lo otro
eso que está
y es ausencia.


COSTUMBRE

Escribo en un cuaderno al revés
no fue a propósito
hay alguien en mí
que insiste en hacer las cosas
de un modo distinto
como esta intención
de romper el lenguaje
aprendido sin esfuerzo
escarbar quitar palabras
llegar al líquido amniótico
a la forma
a la pureza.

En este cuaderno
los márgenes están abajo
alguien en mí insiste
en llegar al mínimo sonido
al límite
donde comienza la vida
y aún se escucha.



Carolina Biscayart

Nací en Mar del Plata en 1972, por eso siempre el mar, por eso el sentimiento de exilio en la montaña, o en la estepa. Creo que nacer es un verbo que sigo aprendiendo. Siempre sentí no pertenecer a ninguna parte pero me he sentido bienvenida en todos los sitios. Me gusta el diálogo y me gusta el silencio para acomodar el ruido de mi cabeza. Mi cabeza es muy ruidosa pero hace tiempo que no le temo a la locura. Quiero mucho a los que quiero y me cuestan los límites del querer. Eso tiene ventajas y desventajas que he aprendido a campear. Y aprender sobre algo quiere decir haber decidido incorporarlo. Entendí que los ancestros son mucho más que gente muerta, que uno recuerda cosas que tal vez no vivió pero que cada recuerdo, cada sueño es un fragmento de nosotros, Busco mis pedazos y seguiré haciéndolo. Estudié matemática porque necesitaba tierra firme, saber que había cosas en las que podía confiar y construir como jugando y que nadie podría desarmar esos castillos, que las formas, los símbolos eran saber concentrado, un enigma. Al crecer me animé a caminar lejos de ellos. Hoy creo que necesito andar distraída para encontrarme. Me gusta enseñar, como si ese hecho fuera regalar una flor obtenida de un dolor o a la salida de un laberinto. Al hacerlo diariamente laten mucho más las flores que lo otro, y tal vez arrogantemente, creo que eso da esperanza. Trabajo en una universidad y una tarde a la semana coordino un taller literario. Soy astróloga, hasta el cielo necesité para guiarme. Leer y escribir son acciones sin principio ni final para mí, sin objetivo claro, con pasión absoluta. Viajar es un verbo pendiente y hermoso por pendiente y porque sé que cuando ese verbo sea acción, encontraré los pedazos que faltan.


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