EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

viernes, 22 de julio de 2016

MARCELO JUAN VALENTI





Al principio es el inexorable verbo, ¿no? Una palabra, dos, tres, cifran una historia, un poema. Acaso una palabra escuchada al azar en la más banal de las conversaciones. Un remolino que imanta y atrae múltiples líneas asociativas se despierta, actúa, construye.
Imagen interna y paisaje se interceptan, confluyen, juegan en el espejo. La distancia entre adentro y afuera queda abolida.
Luego, el trabajo, el pulido, la terminación. Las citas convocadas pueden necesitar una visita para perfilar con mayor nitidez una imagen, su contexto, sus implicancias.  Entonces, hay que consultar  la biblioteca o rever una película. En ocasiones el objeto a investigar es ¿simplemente? una palabra, para recuperar su precisión semántica, acaso desgastada por el uso irreflexivo, intuitivo (hay significados perdidos que me parece valioso rescatar, hay descubrimientos de polisemias asombrosas).

Sé que no soy el único. La imaginación, ¿la inspiración?, se activan al caminar.  Camino (y tramo mis confabulaciones) hacia esas islas, esos refugios, que son los cafés. Ahí es donde escribo, en medio de la gente que conversa, con música a desasosegado volumen, con el recurso de mirar hacia la calle, a salvo de las interrupciones u obligaciones de lo cotidiano (El espacio de lo doméstico, en la noche, queda para pasar en limpio, en la compu) ¿Un cortado que bebo en tres sorbos ayuda? Sí, un estímulo para el cuerpo. Trato de que mi cuerpo conserve el empuje que traía. Mi cuerpo en marcha, mi cuerpo en fuga, mi cuerpo como soporte inevitable, que está y no está ahí. 


Poemas


OPALO, ALHUCEMA Y DELIRIO



“si martirio es la palabra, y furia y desenlace
¿por  qué este apremio de ópalo
                        alhucema
                        delirio?”  


                                    Marta Ortiz




1-

Yo era el rey del patio y
me orbitaba una muralla de adultos
portadores de tiaras y estandartes. Recuerdo el
merodeo de
gatos negros
con ondulaciones de estrellas
muertas. Escondido graznaba
un piano, orgulloso,
ajeno, temible, perdido
en aquel tiempo que ha sido devorado.


2-


Vagabunda contemplación de 
cuerpos
como ópalos
bajo un cielo
festoneado de
delirios. Alhucemas
desaforadas
ríen burlonas,
cómplices, traicioneras.


3-

Barroco, 
como
urdimbre de pétalos,
como la furia de una sinfonía infernal
de goces. Apremiado por
el desenlace, mis
gestos tiemblan en las comisuras. Una palabra
que no hallo, se iza,
espléndida.


4-

Aislados,
los indicios.
Curiosidades, molestias,
inconveniencias.
Lo desconocido
insiste
hasta sobrevenir. 
El martirio del placer, los ojos en techo,
que permanece inmaculado, inconmovible.
Lejos.


5-

Desentierra
una rayuela,
vestigio de infancias infinitas.
Se la arrebata
a la tierra y a la hierba
sobre las que la rayuela era imposible.
Las hormigas y el
tiempo
han legado un
cielo impecable.
Rayuela, dice, 
los ojos grandes,
las manos sucias.


Marcelo Juan Valenti



La fascinación por el texto colorea mis primeros recuerdos. Pronto, la urgencia por decodificar, luego por producir. Escribo narrativa y poesía. Publiqué libros que se pierden en caminos fantásticos, en busca y de la mano de sus lectores.(¡Un infinito viajar?) Participé con placer en la difusión e intercambio de textos en ciclos de lectura. Estoy en marcha (o sea, en el grato estado de escritura). Nací en Rosario, en 1966. Acabo de cumplir mi primer medio siglo. Voy por el segundo.


7 comentarios:

  1. Estoy recorriendo este espacio y voy encontrando grandes y querido poetas y narradores.
    Un gusto hallar, entre ellos, a Marcelo y su buen decir.
    Cordial saludo
    Betty Badaui

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  2. Marce querido qué bueno leerte siempre, qué bueno identificarme en tus poemas, tus historias. Abz Gus.

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  3. Impecables poemas para gratificar tu primer medio siglo. ¡Muchas gracias y múltiples felicitaciones!!!

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  4. Lúcidas y sensibles tus palabras que acercan pistas sobre tu procedimiento de escritura, querido Marcelo. Bella tu poesía, que me distingue y me honra desde el epígrafe; maravillosa urdimbre de pétalos y palabras entretejidos. Abrazos!!
    Marta Ortiz

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  5. Viajero de mundos infinitos, nos dejas plasmado tu vivencias en cada poema. Un abrazo del alma !!!

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  6. La búsqueda o el encuentro, la co-incidencia en los vocablos que sentimos perdidos, la conjunción de imagen y palabra renuevan su significado. Encantadores, Marcelo!

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  7. Marcelo Valenti, un tipo generoso como pocos, un amigo, una de las pocas personas con las que me encuentro en las calles de Rosario y me detengo a conversar como si no conociéramos de toda la vida. Una persona que vale la pena. Gran poeta y persona. Salú queridísimo. Ana Danich.

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