EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

domingo, 24 de julio de 2016

NATALIA LEIDERMAN



Tengo la sensación de que el poema empieza mucho antes del momento de su escritura. Cuando digo antes, digo: no son horas, ni siquiera días. El inicio es un punto difuso, irrecuperable quizá, pegoteado a todos los mecanismos diminutos de la vida diaria. Y entonces no puedo pensar en un procedimiento. No lo tengo. No tengo tácticas, tampoco es mágico, pero parece.  Supongo que ese es el encanto de la poesía: la sensación de que frente a ella todos somos niños, estamos desde cero. Mi estrategia entonces es simplemente la atención, la escucha, estar tensa. Hay un poema de Mary Oliver que dice: 

Instrucciones para vivir una vida: 

Prestar atención.
Sorprenderse. 
Contarlo.

Esa es para mí la vida de un poeta. Eso intento hacer. No tengo un plan hasta que sé que lo tengo y entonces es tarde para pensar de dónde salió: todo sucede, al menos al principio, como un tirón violento, furioso. No puedo dejar de pensar un poco en la idea clásica de posesión: un temblor, un cuerpo que se presta a una voz que viene de lejos, de muy adentro, y que nos revela algo impensado. Porque en el poema entramos en la tierra desconocida del otro. La tierra del lenguaje tiene capas y capas de sedimentos que uno en la búsqueda del poema roe con alegría, con trabajo. 

Los elementos de los que me valgo para escribir son muchísimos y no los distingo con claridad. Pienso que la poesía lo devora todo, y en ese todo entra también (y especialmente) aquello que suele quedar desplazado en el mundo: los restos, la basura. Desde que Baudelaire escribe “Una carroña”, sabemos que todo es poetizable. Una visión mínima, un roce, una palabra o varias, un movimiento: esas cosas que caen, casi imperceptibles, son las que deseo. En este sentido, la poesía me parece abrumadoramente justa: nada es de por sí poético, pero cualquier cosa tiene en potencia las cualidades para caer bajo la protección de la poesía, bajo su encendido acto de amor.  

Me gusta pensar que cuando escribo, amo. Es una metáfora que me gusta para la escritura porque veo enormes coincidencias: lo extraordinario, lo irracional, lo irreductible, lo vital, lo peligroso. Tanto la escritura como el amor son formas de fundar un testigo, de salvarnos, de iluminar lo preciado.
En el momento exacto de hacer el amor o de escribir siento una combustión, el corazón tenso, una intermitencia: el cuerpo desaparece y aparece, pierde su peso  y, a la vez, pesa más que nunca. Y en el momento inmediatamente después: el alivio, la satisfacción de una secreta complicidad con el universo. Los miembros se suspenden como campanas de papel y la sangre se aligera y el oxígeno abunda. Crece en mí una paz enorme de haberme ido, de estar acá y también allá, en otra parte, como si los tiempos y los espacios se juntaran o se redujeran, y no existiera una cronología y yo estuviera viva con el privilegio de ya estar muerta. De eso se trata, creo: de no tener que preocuparme por la muerte, porque el poema lo hace por mí. 



Poemas


los mejores poemas 
los poemas pensados un segundo antes 
de dormirme
de acabar
de morir
seguro fueron los mejores

los poemas que arremetieron
insectos salvajes 
cuando menos lo esperaba

me cruzaron el cuerpo 
de lado a lado
me abultaron la carne

me inquietaron:
un gusano brillante en el cerebro
la eléctrica voz de un condenado

me dijeron estás viva
y después plop
se disolvieron furiosos en el aire.


***


irán quedando pedazos de mí a lo largo de la tierra
en los lugares más íntimos y más públicos
de las ciudades del norte
y del sur

siempre es otoño
las finas capas de mis órganos caen
y luego crujen en el suelo
bajo el peso ligero de los transeúntes 

en cada acto de amor estallo
como una granada 
 y después de la sobremesa
-una vez que ya hemos digerido la muerte-
me recolecto, metódica y mansa  

pero estoy empezando a perder la paciencia

tengo un fuego y un miedo grande
por los años futuros:
cómo serán las próximas casas
los próximos almuerzos, sin lengua 
o sin manos

cómo serán los próximos hombres y mujeres
que me desvistan
y qué pasará cuando quiera armarme 
y no encuentre, por ejemplo, el corazón.


***

¿el poema alimenta
o clausura
nuestro amor?

dudo, doy rodeos
quiero salvarnos y escribo
sobre otras cosas:

la paloma moribunda
la flor 
los moretones

qué astuta es la poesía

las metáforas
me arrastran siempre
hacia la zona que me prohíbo

la paloma muere a causa
de nuestro desamor
la flor crece en el centro
de nuestro amor
los moretones son las marcas 
de ese roce

qué lucha puedo dar contra el poema 
más que la entrega
meterme al agua
verme
primitiva y enorme
peligrosa
sin aire a veces
pero liviana

¿y no es lo mismo con el amor?

a ambos les digo: 
soy tuya. 


***


me repliego como una niña, quiero
que me lleven al cine, a la plaza
que me pregunten por qué no como
quiero ahora que tengo 
el cuerpo inmóvil, quiero
ahora que no tengo
nadie que me haga el amor
quiero el amor de los padres 
espantosamente fiel 
y grande
entre mis manos pequeñas.


Natalia Leiderman



Mi nombre es Natalia Leiderman, nací el 31 de octubre de 1990 en Buenos Aires. Soy fotógrafa y estudio Letras en la UBA.  Desde 2014 participo de los talleres de poesía que da el maestro Osvaldo Bossi. Este año publiqué mi primer poemario Animales dorándose al sol por El ojo del Mármol. 
Mail de contacto: natulei@gmail.com

2 comentarios:

  1. Te admiro Natalia,tenes un potencial muy grato para la esencia íntima del alma.

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