EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

jueves, 7 de julio de 2016

NUNCIO PETTITO


No creo que ninguna persona se proponga sentarse a escribir un poema. O por lo menos no es mi caso.

Sé desde qué lugar escribo: escribo desde la derrota. Porque soy un derrotado, y porque desde esa derrota surge la poesía; no como una manifestación puramente espiritual, o en consecuencia a algún extraño diálogo con los dioses. No. Desde mi derrota, la poesía surge como un hecho estético y como un proceso moral: ahí donde fracaso como hombre me reconstruyo como poeta; y desde la poesía, y desde el ejercicio mismo del verso; me corrijo como persona.

Sin embargo también creo en el poder y en la magia de la palabra como estructura sucesiva y sustancial del universo. Lo que no me convierte en una suerte de poeta antiguo, o en un pelotudo. Pelotudo es el que niega el misterio de un rezo, por ejemplo.

No creo en una literatura, o poesía en este caso, desprovista de barro; desprovista del hambre, de lo injusto, de lo bello, o de lo hermoso. No creo en un poema que ignore los tiros que suenan todas las noches donde vivo. Mucho menos en el poeta que le da vuelta la cara al que le pide monedas en la calle y después escribe sobre la lluvia, o sobre la tristeza de un desencuentro desde su escritorio de diseño vintage. Tampoco creo en el mal gusto.

El poema debe transcender su propia naturaleza. No puede limitarse a lo escrito. El poema tiene que caer y arrastrarnos, por su peso, hacia el milagro y la culpa, o hacia el miedo y la ternura.

Para mí no existe otra manera de escribir. Tengo que hacerlo así: con la desesperación de quien se arrodilla a pronunciar un nombre bajo los pies de un Santo, y con la fuerza y la sutileza de un knock-out al hígado.

¿La sensación física cuando escribo? Ganas de cojer. Y de dejar de escribir, fundamentalmente.



Poemas de LA FEROZ HERENCIA QUE COMPARTIMOS

I

Las mañana es igual a todas nuestras mañanas. Y digo nuestras porque así deberían ser sus
mañanas: Nuestras.
El hombre desnudo que prepara café en la cocina es mi padre. Él sabe, porque nos levantamos temprano, que el silencio por fin va a quebrarse.
Silencio que nació conmigo; en aquel preciso instante.
Silencio mucho más antiguo.
Silencio desde el padre de su padre hacia mis hijos.
Silencio amparado por el culto a un único e inevitable destino: la miserable herencia de la
ferocidad y la cobardía.



II

Ahora su voz
ahora su voz arrastrándome hacia las sombras.
Después fueron sus ojos, y en sus ojos la necesidad de soportar la duda.
Más tarde será su casa, esta casa
y  la desesperación que me invade cuando cada noche
y a pesar de todo
pronuncio a escondidas su nombre.


SIN NOMBRE I

Una palabra, una palabra para todas las cosas. Una palabra, una sola. Una palabra que logre vencer al invierno, al invierno tan cerca del río. Una palabra, una sola palabra para el dolor de los que hoy están afuera. Una sola palabra con la fuerza del rezo los que rezan y se arrodillan. Afuera una palabra bastaría. Afuera una palabra. Una palabra en el altar, una palabra y el rojo. En los tatuajes la vela encendida y el arma la palabra. Un disparo la palabra y que esa palabra los proteja. Una palabra también tu mano. Una sola palabra y es mano la palabra que golpea a mi madre y una sola palabra para la misma mano que tal vez algún día se pose en silencio sobre mi hombro. Una palabra, solo una. Una palabra que justifique haberlo perdido todo. Una palabra que cure la piel cortada por la sangre mi sangre en la palabra. Una sola palabra. Una palabra que evoque, que contenga. Una palabra que sea estrella, que sea infinito. Una palabra. Una palabra que ladre como el perro. Como los perros que ladran en la calle sucia y embarrada. En tantas calles de barro y tanto barro sobre los pies del hombre, o del niño, que busca la palabra. Una palabra, solo una. Una palabra en el tiempo y que sea el tiempo. Una palabra todas las cosas. Una palabra la ausencia. Una palabra para tus ojos y la cruel matemática resucita una palabra. Una palabra y la herencia. Una sola palabra, cobarde: Cobarde. Solo una palabra y es íntima en sus páginas en mi voz a escondidas. Una palabra veneno. Una sola el veneno. La palabra, solo una palabra y aspiro. Una palabra Inhalo sin verbo la palabra el pasado la culpa. Una palabra tu nombre. Solo una tu nombre y aquello que surge al pronunciarlo. Tu nombre una palabra y mi nombre la certeza de que la palabra es posible. La palabra, una sola. Una palabra la cruz el llanto el vino agrio y la cruz. Solo una palabra el pasillo. La palabra pasillo está oscura. Una sola palabra en el encierro, una sola y es víbora la libertad una palabra. Solo una palabra el que toca. Una sola pecado y me toca la palabra. Una palabra levanta la ropa y solo una palabra prohibida en su iglesia. Una palabra en el lobo, una sola palabra la luz. Solo una palabra y el mudo la luz sin testigos me toca. Una sola el abuso, la palabra y el miedo. Una sola y por ella lo hiciste. Una palabra que borre la palabra que busco. El pecado una palabra. Una sola palabra la paz el infierno una palabra tu destino. Una sola palabra el amor perdona la palabra y que confieses. Una sola palabra la búsqueda. La búsqueda en la palabra que busco una sola. Ciego la palabra y no veo. No veo palabra y el mal la palabra mi propia búsqueda. Una palabra perdón. Una sola y es templo y un árbol. El árbol la infancia resiste en la palabra. Una sola palabra. Una palabra el camino. Una sola el regreso. Una sola palabra. Tu muerte.


SIN NOMBRE II

De los siete Arcángeles el último
Gabriel ahora en las sombras sobre mi espalda;
no es el peso de la cruz lo que acontece
es la palabra
de mi voz en el abismo
y de tus ojos en el silencio.




NUNCIO PETTITO:
Nací en 1990. No tengo título universitario. No gané ningún concurso literario y tampoco tengo libros publicados. Vivo en Wilde.


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