EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

lunes, 11 de julio de 2016

SEBASTIÁN GRIMBERG



Creo que no tengo un procedimiento de escritura único. En general, ha variado a lo largo del tiempo. Sí puedo decir que cuando escribo un cuento, procedo de forma distinta a cuando trabajo en una novela. El cuento, salvo casos “especiales” , como cuando debo cumplir con alguna temática, es una ocurrencia que se me presenta en forma completa, cerrada. En ese momento trato de interrumpir lo que esté haciendo y, al menos, bosquejarlo. Durante ese bosquejo escribo las partes que considero más importantes y muchas veces, el cuento completo. Las novelas que escribí hasta ahora tuvieron alguna idea, a veces no tan definida, como punto de partida y se fueron estructurando sobre la marcha. Cuando tengo más o menos definido de qué va el asunto, trato de armar mapas de capítulos, ordenar la historia. Muchas veces no sigo esos mapas o  tengo que modificarlos porque la historia va cambiando. De lo que estoy seguro es que no sufro de la “hoja en blanco”. No me siento frente a la pantalla si no sé qué voy a escribir. Puedo pensar cuál es la mejor manera de hacerlo, puedo escribir varias veces un comienzo hasta que más o menos se parece a lo que busco, pero la mayoría de las veces sé lo que voy a escribir: lo escribí antes en mi cabeza. En cuanto al material, uso todo lo que puedo: experiencias, historias  que me han contado o he oído de casualidad, ocurrencias y lecturas  previas. En este punto trato de buscar lecturas afines a lo que esté escribiendo. Por ejemplo, si estoy trabajando en una novela, dejo que los libros de cuentos que me interesan se acumulen hasta que termine, leo sólo novelas; también puedo encontrar soluciones en algunas películas. Música escucho de fondo, generalmente clásica o jazz aunque no me resulta indispensable. Cuando me surge alguna duda sobre algún tema del que estoy escribiendo, suelo recurrir a amigos y conocidos. Les escribo lo que necesito saber (aclarando que es para algo que estoy escribiendo para no quedar descolgado) y, si no saben, busco en internet. El año pasado me llevó bastante tiempo conseguir un libro sobre mitología guaraní, incluso me contacté con la biblioteca de Posadas y leí varias historias, mitos y diarios de viaje que usé en una novela. Cuando la corregí, quedo menos del diez por ciento de lo que había escrito originalmente.
No sé cuáles son mis sensaciones físicas al momento de escribir, creo que para conocerlas, quizá incluso para que existan, debería prestarles atención. Al momento de escribir toda mi atención está centrada en el texto. Sí puedo hablar un poco más sobre el estado de ánimo. Cuando algo me está saliendo, siento algo similar a la euforia, el cansancio que pudiera tener desaparece, pasan las horas sin que me cuenta; cuando algo me cuesta, puede haber  enojo, frustración, cansancio...Supongo que si atendiera a las sensaciones físicas, serían las asociadas a esos estados de ánimo. No había pensado mucho en la relación cuerpo/arte, al menos no con la narrativa, si quizá, un poco más, en la relación entre el arte y los estados de consciencia alterados, ya sea por sustancias o patologías.

Fragmento de “La mirada del asesino” (Cfi, 2015)

Ese día y a esa hora la autopista está vacía. Rossi conduce hacia el oeste, precisamente hacia Ciudadela. No es su área, el área correspondiente a su Departamento; pero si es la del comisario Echenique. Él y Rossi trabajaron juntos una vez y, en atención a una particularidad del caso presente, es que Echenique recuerda a Rossi y decide convocarlo. Hay un detalle que te va a interesar, dijo Echenique; y en eso piensa Rossi ahora que el auto avanza lento por las calles de un barrio de casas bajas. Se detiene frente a un grupo de personas que se amuchan sobre un cordón policial. Rossi baja del auto. Llega junto al cordón. Un agente le impide el paso. Otro policía se acerca y le dice algo al oído. Al primer agente se le transforma la cara. Pide disculpas a Rossi y, solícito, levanta la cinta roja como si lo invitara a subir a un ring de boxeo. Son pocos los metros que lo separan de la casa. Tras una reja cubierta por una enredadera, asoma una edificación de dos plantas, visiblemente abandonada. Las paredes son grises y están descascaradas, hay tablas clavadas sobre las ventanas, y es evidente que alguien se entretuvo reventando los vidrios a piedrazos.

Biografía

Nací en Villa Crespo, el barrio de Marechal pero, lamentablemente, lo que escribo está muy lejos de lo que escribió él. Lo hago desde los dieciocho o diecinueve años. Antes de eso grabé historias en casetes y dibujé historietas. Publiqué dos libros de cuentos: Cada siete segundos (Conejos, 2014) y La mirada del asesino (Cfi, 2015). Recibí premios y menciones y mis cuentos se publicaron en antologías y revistas literarias.



Facebok: Sebastian Grimberg

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