EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

miércoles, 3 de agosto de 2016

ANA VICTORIA LOVELL



Escribir es un acto de arrojo, arrojarse al mundo y ser consciente, dixit Macedonio Fernández: “Es indudable que las cosas no comienzan o no comienzan cuando se las inventa. O el mundo fue inventado antiguo”.
El cuerpo está siempre presente, a veces desde su propia sintomatología. Uso la sinécdoque, nombro el pie, la espalda, el ahogo; impresiones sensoriales que prevalecen en algunos textos. Por ejemplo, en “Jardines cerrados al público”, gran parte de las imágenes son olfativas.
Si bien intento no utilizar los mismos procedimientos en cada obra sino proponerme otros desafíos, hay algunas cuestiones que están presentes.
La brevedad, por eso el primero y el último verso me resultan sumamente importantes. La diseminación dentro del poema de algunos núcleos semánticos que puedan actuar simultáneamente como distintas clases de palabras que generen una pluralidad significante. La aliteración, a veces la repetición, el corte de los versos como marcas rítmicas.
En la creación de las imágenes, a veces sin proponérmelo, hay un doble juego; como presencia pero también como espejismo.
Mis textos dialogan, se nutren con otros lenguajes; cinematográfico, pictórico y operan también como reescrituras literarias.


Poemas:

Ceremonial


Náusea, la acción de los dedos en la garganta, convulsiones.
Ritual nocturno, esclusa que se abre a medianoche
cuando la otra ha sido tapiada. Todos pierden el olfato
en esta casa nadie sabe reconocer un cadáver.

Constelaciones del cadáver. Descomposición de las figuras.
Restos de epidermis. En el fondo del wáter atisba
el mismo rostro que acecha en los bordes.

(de “Jardines cerrados al público”)

*

Ora pro nobis

Ora pro nobis, mater
Aguarda
ensenada malecón
la voz que amarre
aquella jugando a
desnudarse en las aguas
My Bonny lies over the ocean my
Bonny lies over .. – repítelo una vez más
¿Quieres?
aún sobre el malecón
ora pro nobis
porque no hay ella
que muera por mí.                                                                                                                  
(de “Jardines cerrados al público”)

*

Una línea de Kavafis en dos movimientos

Primer movimiento

Recuerda cuerpo el pulso exacto de la lira,
en el epitalamio yaces exhalando el aroma
que supo abrirse ante el roce de los labios.
Libando del gemido te adentras
en la pulpa del tiempo
que otrora fue de los amantes.

Segundo movimiento

Al cuarto círculo ascienden los obstinados.
Antesala de azulejos ¿suma de colores?
Dos puertas simétricas a la hora señalada
imaginería hospitalaria en gama de grises.
Tubos que se ramifican en tubos que
descienden en sondas y ese estertor
no me pertenece ni la piel ajada
que resta después de una convulsión atroz
que dispara al sentido;
reconozco mis pulsaciones
en esa otra mano tan frágil como la mía
sobre un Ford 37 el recuerdo se petrifica
abrazado por tu padre estabas.
Me sostengo en una línea de Kavafis
recuerda cuerpo no sólo cuánto
profano rezo el mío
recuerda cuerpo fuiste amado
no reconozco a ese cuerpo arrojado sobre las sábanas
ni a este otro.
No es Madame La Mort, demasiado espacio
ocupa la elegida, no es la muerte ni mors
es la A de ausencia
es el sutil devenir de la descomposición
la perversa lentitud con que el tiempo
nos apresa.

(de “Desde el hastío”)


*

De espaldas un kimono de seda blanca
hace girar un abanico negro
conjura a los espíritus
en el centro del recinto
donde mi padre ateo
trazó un templo sintoísta
diciendo que era un garaje.

                             
(de “Los noctiluca”)

*

Animula vagula, blandula
te conjuro desposeída y posesa
no abandones aún estos cuerpos.
Otro ánimo insuflabas en el emperador
era la línea tal vez su propio dictum
que se apropiaba de la memoria no ya tuya
si no la que quiso que vieras a la muerte con los ojos abiertos.

                  Quién sabe sobre esto?

Más cercanos en lejanía recomponemos la cita
ante la descompostura final.
Anima, no abandones aún estos cuerpos
transidos por siglos, adormilados en la espera del prodigio.

(de “Los noctiluca”)


 Victoria Lovell


Nací en  1956 en la ciudad de Rosario —donde resido—, provincia de Santa Fe, Argentina.  Soy  profesora de Letras y ejerzo la docencia desde 1988 en instituciones públicas y privadas. Coordino desde 1990 el “Taller literario de escritura creativa para jóvenes” dependiente de la Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Rosario; actualmente lo dicto en la “Biblioteca Argentina”.
Soy miembro fundador de “Cooperart” (primera cooperativa de arte de la Provincia de Santa Fe, 1986) y co-editora del sello “Papeles de Boulevard”.
Libros publicados: “De cobre y barro”, “Máscaras de familia”, “Jardines cerrados al público”, “Desde el hastío” y “Los noctiluca”.
Además, integré ediciones conjuntas: “Poemas por América” (1986) y “Poemas por el hombre” (1989).
Fui incluida en distintas revistas como “Casa Tomada”, “Juglaría”, “Los Lanzallamas”, “Poesía de Rosario”, “Boga”, “El Centón”, “Apofántica”, “La Pecera”, “La Guacha” y “Dierese” (Francia).
Y en antologías: “Poetry Ireland Review” Nº 73, “Las 40. Poetas santafesinas 1922-1981”, compilada por Concepción Bertone, el volumen “Un siglo de literatura santafesina. Poetas y narradores de la provincia 1900-1995” de Eugenio Castelli.
Fui traducida al francés, inglés y portugués.





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