EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

viernes, 19 de agosto de 2016

MARCELA MERONI



La poesía se me aparece como ruptura de mi modo funcional, administrativo, en ese lugar en el que la palabra no quiere el propósito sino las infinitas traducciones. En ese no alcanzar nunca, en ese cierto fracaso, encuentro la piedad del lenguaje y se me presenta algo parecido a la calma. Pero la calma de un colchón de plumas que se hunde muy lento para resurgir de a poco, nada de la calma de una certeza.
Siempre hay algo que se cuece a mis espaldas, en un “no saber” que me es muy propio y que no pertenece a mis labores ni a mi voluntad.
Algo partió desde alguna percepción o imagen que me punzó el alma, muchas veces desde la lectura, casi siempre desde la lectura. Y mis lecturas son mezcladas, climáticas, voy de un libro a otro impulsada o expulsada por una atmósfera que me invita o me sacude; puedo abandonar un libro, retomarlo, tomar la sugerencia que un texto me propone de visitar a otro En este preciso momento Kerouac, Borges, Ian Mc Ewan, Agamben, y un maravilloso libro entrevista al pintor Fernando García Curten conviven  en mi mesa de luz…y me tomo el tiempo. No soy una lectora voraz. De algún modo huyo de la voracidad en estos años y trato de habitar los bordes, ahí donde escribo. 
Instalada en mí la cosquillita de una idea la dejo macerar, untarse de lo que se me va apareciendo untable o en cierto sentido “traducible”. Y dejo que amablemente se deje estar, a la espera de su renacer contingente, inesperado, con la condición de una sorpresa que no lo es del todo. Y entonces en esas vísperas, siento una tensión en el cuerpo, como de estar en vilo, acechando ese emerger. Un tensión desde las orillas del cuerpo viajando velozmente a situarse a nivel del estómago donde el cuerpo en su incomodidad marca territorio, como situando un destino que la palabra no alcanza jamás.

Sé que entre emergencias y azares no creo demasiado en lo que llaman inspiración, en su ser tan inefable. Creo en el exterior, y en la cabeza de uno trabajando mejor o peor en medio del mundo.
En algún momento tengo la necesidad de escribir, con un entusiasmo que me urge. Y entonces aparece un bosquejo que será releído muchas veces y del que tal vez en última instancia, en aquel momento que siento “ya está”, sólo conserve una frase o el clima  o la tonalidad que quise expresar en ese original. Y siempre que releo lo hago en voz alta como si la voz fuera la “causa eficiente del poema”, o lo que lo hace vivo. No puedo corregir si no es en voz alta. Y sola.  Necesito estar sola en esas relecturas: algo de lo impúdico se me aparece si no es de otro modo, como si quisiera ocultar una “entretela” del poema. 

Registro que algo del cuerpo se contrae y condensa al momento de escribir, me acurruco un poco, bajo los hombros, me siento algo encorvada, supongo que un cierto modo que refleja la concentración o tal vez el secreto a develar, que no se develará. Y leo de pie cuando corrijo, no puedo leer sentada…y camino...tal vez acompañando ese breve viaje. 

No siempre tengo algo para decir, no siempre escribo ni se muy bien de que se trata mi obra, si busco un asunto. Puedo saber que, indiscutiblemente, está hecha de mi sustancia, de mi materia, pero no puedo verme del todo allí. Finalmente, siento que no estoy hablando de mí y eso me reconforta, hacia allí voy.  

Lo poético se me  instala a contrapelo,  en cierto sentido, de mi vida cotidiana..

Vivo en mi trabajo la experiencia del  lenguaje situado a pedir de boca ajena, el lenguaje del marketing, de la eficiencia, del objetivo. Allí la palabra se constituye en territorio en el que se explaya la demanda ajena, entonces el decir es pura finalidad, nada de resto, nada de sobra, un espacio donde lo más propio de mi voz se pierde, maquinaria donde ese resto que busca traducción es aniquilado.

De ningún modo puedo decir que la poesía instala la paz de lo definitivo en mi cuerpo ni en mi alma. Pero instala lo más vital que mis células pueden ofrecer.


POEMAS


I

El borde

ya no será
explayar la voz
de la traducción infinita
más bien olas de hierro
sedimentando 
primero lava
después piedra
y entretanto 
un deslizarse
como un reptil
de hilos de seda 
otra vez deberán volverse
redes como tules 
aire en las rendijas
más y más levedad
las palabras
por tanta ingenuidad
derramada
seremos secretos 
o sutiles milagros


 II 

Refugio

construyeron el refugio por años
sin la dispersión de la duda
con la trayectoria clara y eficaz
de su voluntad 
como una flecha 
de todos los objetos 
buscaron los más útiles
de todas las palabras
las que reflejaban en modo exacto
el nombre más preciso 
de las cosas
taparon sus oídos
no quisieron saber más
de las noticias del mundo
ni del sonido de sus ecos  
fijaron sus ojos
sin miradas de soslayo ni sospechas
midieron y pesaron 
cada centímetro de extensión 
y cada partícula de materia
contaron una a una las provisiones
y calcularon sin error
su existencia en el futuro 
desterraron la sorpresa de la tormenta
y la contingencia de la lluvia
y se atuvieron para siempre
a la verdad única
del signo y el número entero
negando eternamente
movimientos y azares
con su pequeña  y frágil razón 
a pesar de todo


 III 

Prójimo

y es que  hay un lugar  
de disolución de mí
una disolución incompleta.
me veo unida a un dispositivo óptico
unido a un ojo desnudo
me veo en fragmentos 
que hacen un modo incompleto
una forma sin fondo
un cuerpo ineficaz.
veo un deseo absoluto  
incapaz de desear
un ser como un no ser que me llama
y me llama a esa aberración mía 
veo una casa en llamas
cientos de llaves rotas

me vi. sin ser amada…
me vi sin ser…

y entonces vuelven  las palabras. 


IV

La otra orilla

voy a la otra orilla
la sin extensión, la incierta
vienen los exiliados, los traductores
los esteparios, los trashumantes
vienen los poetas
vamos al borde, vamos al filo de la franja
vamos dispersos, sin procesiones
vamos a buscar las aguas
más en la lluvia breve
que en los antiguos lagos
vamos a buscar las luces
más en las estrellas fugaces
que en el sol o la luna
sabemos que no habrá casas, 
ni cultivos ni guaridas
sabemos que no habrá asientos, cofradías 
ni el decreto de las hermandades
llegada la noche, habitaremos el miedo 
de vuelta al día la duda y la incertidumbre
caminaremos despacio
porque sospechamos tierra firme
pero no es segura
iremos lentamente
porque intuimos el ritmo del aire
pero no sabemos
y en alguna tormenta
perderemos los nombres
y los viejos mensajes cifrados
entonces nos encontraremos: nómades


 V

Aluvión

de la voracidad 
de los desembarcos
como aluviones 
de tierra seca
sin buscar el mar
ni el reparo
ni la lluvia suave
tampoco la piel quemante
que sería final
después de todo
da cuenta mi ventana
en estos días
voy a volverme
pliegue como de rendijas 
de flores
esperar 
cada gota de milagro
cada atisbo de futuro
que no hay otro tiempo
que aquel
de ser salvados


VI

Lateral

de costado
de lado
bordear
soslayada
sin urgencias
una luz que se apaga
por las orillas  del cuerpo
no ver las pantallas 
ni los carteles
nada cierto
ni definitivo
nada que nos sepa enteros
ni las profundidades


MARCELA MERONI:


Nací en el 64: pude ver a las “chicas grandes” con los ojos muy pintados y llevando mini shorts, pude descubrir a los Beatles en lo de mis primas mayores mientras miraba como se arreglaban para ir a la “boite”a bailar Pude escuchar Sui Generis en el patio del colegio, pude ver en casa a algunos amigos hippies de mi papá. 
De golpe, se oscureció todo, era 1976: tenía trece años. A los quince empecé a enamorarme muchas veces, miles,  y a leer, a leer todo el tiempo, a leer todo lo que podía encontrar. 
A los dieciocho me enamoré de verdad, y disfrute estudiando Historia del Arte en filo cuando todavía estaba en “marcelote” y no se había mudado a Púan. 
En los noventa me casé y privaticé mi vida, como muchos más: leía Página 12 para divertirme un poco, no quería saber mucho más, y estudiaba Historia y me gustaba más que nada estudiar historia antigua e historia medieval  En el 2011 me separé, mi hija había nacido en el 2005 y por algún motivo, desde entonces,  siento que el futuro, ahora, es acá.
  
Escribo desde niña, desde siempre, pero hace muy poco que decidí hacerlo circular.
Y ahora siento que de todo mi recorrido algo se fue guardando que hoy se volvió mi escritura: y de ese recorrido la mayor influencia surgió de las letras leídas y de las palabras, de las palabras de los otros, de mis estudios de Historia, de Historia del Arte y, paradójicamente, también, de mi estudios de marketing.
Soy una persona que se “distrae” con frecuencia, tengo una cierta capacidad para despegarme de la realidad y de las cosas, para ensoñarme Y para escuchar, muy desprolijamente, escucho mucho, escucho siempre. Y me olvido de casi todo, excepto de algunas ideas, frases, tonos, de los que no me olvido jamás y que aún sin tener presentes, aparecen en cualquier momento, tal vez años después. 
Me encanta leer poesía en espacios amables, lo hacemos con un grupo de escritores y nos acompañamos con música, bossa nova,  jazz  y al final comemos algo rico y estamos con los amigos.
Mi obra es breve, aun incipiente: escribí dos poemarios No- made y No saber que iniciaran ahora su camino a la edición y estoy escribiendo un tercero aun sin titulo, ya con voz.

marcela.meroni@gmail.com 
.  

4 comentarios:

  1. Marce.. sos recontra poeta. Cada texto que tocás es poesía..

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  2. Amiga! Genia! Como te quiero!!!! Malala

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  3. HOLA!!!! ME ENCANTÓ EL BLOG!! ESTÁ MUY BIEN DISEÑADO, E INVITA A LEER EL CONTENIDO,
    Y TUS POESÍAS .... SOS VOS ...CADA PALABRA SIEMPRE PRONUNCIADA POR VOS TIENE ESE VUELO, Y LA EXACTITUD DEL SENTIMIENTO TE QUIERO... TE RE RE RE FELICITO

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