EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

viernes, 19 de agosto de 2016

SUSANA SZWARC



Creo que algo se produce cuando no presto atención, cuando estoy algo ida. 
Entonces se  tiene que desmalezar la página llena, vaciarse.  Tiene que quedar  algún hueco para que entren las letras y comience a formarse alguna “idea” que tampoco es una idea. Tal vez a eso, a ese estar y que de pronto aparezca algo, el pájaro colgado de una cuerda azul en el Cosmos de Gombrowicz o la nena saltando el muro en el cosmos de Faulkner, para que un montón de frases avancen delicadas o con la brusquedad de una marcha.

A veces en el subte comienza a armarse algo y, apretujada, hay que buscar la libreta, la birome y anotar. Se supone que no se olvidará, pero ¿qué? ¿Y si eso que dicta no vuelve?
Porque se me produce la sensación de un dictado, una voz que impone su música y,  una vez que eso es llevado al papel, se puede acomodar, cambiar de palabras, encontrar el sonido, llegar al sin sentido. 

A veces  desde un recuerdo o un sueño, desde algo que se está leyendo o que se escucha en la mesa de al lado, que sucede en una película o en el teatro saldrá lo que comience a insistir con una fuerza especial. Se está tomada por esa otra voz, por ese otro que dice y que, en mi caso, duela o no, tan a gusto, recibo.

El cuerpo está indefectiblemente en la escritura, en todo su júbilo, en el esplendor de su materia. Equilibristas del trapecio, animales en la cuerda floja (no tanto como el obrero de la construcción), haciendo contorsiones, evitando hacer demasiada alharaca pero haciéndola, la respiración que se modifica, la cabeza inclinada.  Al levantarse de la silla se pueden escuchar las zonas que crujen. (Habría que sacar fotos de la gente en el momento de la escritura. Tanto movimiento del cuerpo que no sabe siquiera cuál es el foco adecuado para implantar la letra). Hasta en las comisuras se produce alguna contracción. Hasta se siente que algo se agita en el velo del paladar. Hasta se escuchan  esas voces que van de un lado a otro de una y la cabeza parece estar mirando un juego de ping pong.  Se escribe con el cuerpo.

Nombro poetas donde el cuerpo se hace escuchar:

Miguel Ángel Bustos por  ejemplo en

El poema tiene un momento preciso de madurez y alimento 

Pared de hueso pared de carne
pared de mi lengua
parado espero salir a encontrarte.
De aire
yo el pájaro el polvo
la garganta.
Es horrible estar aquí
sin más nada que este cuerpo
hundido en su materia
esperando 
el paso de unas piernas
las casas bajo el cielo
que todo venga crezca y se transforme.
Entonces sobre mis plantas
no un cuerpo
solo la imagen humana
húmeda
seca
un poco triste por todo.

Daniel Calmels poeta, que además escribe sobre el cuerpo. Nombro su hermoso libro: Fugas (el fin del cuerpo en los comienzos del milenio) y transcribo una frase suya de la solapa de La almohada de los sueños: Para leer comúnmente hay que bajar la cabeza, una de las pocas ocasiones donde bajar la cabeza nos enorgullece.

La poeta An Lu y transcribo dos poemas de su libro Harina en vuelo:

Azul de metileno:

No puedo oír, 
me dice
y mueve sus caderas 
tiernas.

Es tierna.

Y Cotidiano:
Si estiro con
firmeza
una
de las piernas

sacudo el mapa. 




Poemas de Susana Szwarc


¿CÓMO?

Veamos lo real:
por ejemplo el río
-de acá hasta acá
podríamos inventar
una puerta para la casa
pero no-
veamos cómo
porque sí
un viento
tal vez provocado por el mismo río
no arrastra un sombrero hacia su centro
Veamos después
algo más:
la lluvia
que comienza por inundar el sombrero
hace crecer las aguas a tal punto
que nos es imposible seguir viendo
porque lo real salido de cauce
nos ahoga


EQUIPAJES

ruedan 
cabezas por el camino
de tal forma

¿cómo podrían
desde esas voces expuestas 
las bocas trasladar su equipaje?

y lo grave no está 
en que salten sueltas
sino en su improbable 
pena


VANO

me da
una blanca 
flor
que no huele

la dejo
en la sombra
del agua
del jarro


El desorden de las relaciones de propiedad 
                                     
Y yo, volví al hospital.

En el largo pasillo repleto esperaba
-esperaba de pie y te leía-. 

En un solo  movimiento: girar la cabeza  la página 
un dedo de la mano izquierda,
los anteojos de leer cayeron
-sobre el mosaico-. 
Cada pedacito de vidrio mostraba  una garza
sin sombra, que empezó a recorrer el pasillo con sus zancos.
De lejos la vi apoyar su lomo 
en el vendaje de una pierna. Despacio
me acerqué.
Es mi garza decía - un poco
a los tumbos-  pero cada uno deseaba a la  sanadora.
Es mía, insistí, riéndome 
por las cosquillas que me hacía  -garza- en su  desorden.

Salieron los médicos al pasillo -salieron por el revuelo-
 y llamaron: Garzas.
Nos hicimos
-sombra-.  

Susana Szwarc

Nací en Quitilipi en 1954; todavía el pueblo no estaba pavimentado pero pasaba algún tren. Era posible en un vagón, apurándonos, conseguir una revista, un libro. Con estos en la mano, era posible irse lejos a leer a los pájaros que se movían todo el tiempo. Mejor los sifones que con sus bracitos estirados se quedaban quietos escuchando.  Hacer garabatos, letras.  En los años en que en Buenos Aires viven niñas de nueve años solas, como todas sabemos, no hay como leer e inventar frases, escribirlas para evitar. Claro que en ningún lugar se tiene siempre nueve años. El tiempo pasa y se escribe de otro modo. A veces eso, escrito, entra en un libro. Ya hay dónde llevar las vidas propias o ajenas.                                                                                                                            
He publicado poesía, narrativa, teatro. Blog: http://susanaszwarc.blogspot.com.ar/                             El facebook: Susana Szwarc



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