EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

miércoles, 14 de septiembre de 2016

CECILIA FIGUEREDO



Uso las obligadas horas muertas para escribir. Cuando espero el colectivo para volver a mi casa, cuando voy en el colectivo, cuando hago el impasse del día antes de dormir, y así…Por alguna razón que desconozco las ideas y las palabras para un poema siempre aparecen en esos momentos. Quizá por la quietud, porque hay un paréntesis de todos los temas de la vida cotidiana en esos silencios del día que dan lugar a la escritura.

En mi casa se vive en una especie no premeditada de estado de poesía. Casi todos los temas y reflexiones que surgen tienen que ver con ella. Eso también actúa como factor desencadenante.

Escribo los poemas de un tirón, en un solo momento, sobre el primer papel y con el primer lápiz o birome que encuentro a mano. Muchas veces el papel me queda corto; no importa, sigo escribiendo en forma concéntrica o por donde haya lugar para las palabras, hasta terminar. Considero que escribir raudamente es primordial para no perder la esencia del poema. Y aunque trabajo horas con la computadora nunca escribo mis poemas desde el teclado: siempre a lápiz y papel. La digitalización es sólo una cuestión de época y orden visual (necesaria de todos modos para luego corregir).

Paradójicamente con mi manía por lo equilibrado, lo horizontal, lo completo, los pies y todos los objetos sobre la tierra, cada vez que escribo hay un desorden y un desequilibrio de objetos que no me interesa ni quiero controlar. El papel sobre la cartera, que a la vez está sobre mis rodillas, y los trazos de la escritura que se van moviendo al ritmo del vaivén del colectivo. Ese es mi vínculo con lo corporal, con el espacio circundante al momento de escribir. Dejar que todo sea desequilibrio, movimiento y desorden ante el apuro de las palabras.


Poemas


Tata

Acercábamos las cáscaras
al fuego de las hornallas
y las apretábamos
para exprimirles
todo el aroma dorado
y todas las estrellas
anaranjadas posibles.


Entre líneas

Capas,
debajo de otras capas
de papel biblia.
Ruido de papeles que se rozan.
Capas infinitas,
superpuestas.
Hay una trama de finas líneas
imperfectas, horizontales
que hacen sombra unas sobre otras.
Podemos mover los sedimentos 
develar
buscar más abajo
adonde se concentra el color.
Dejar que cada hoja 
se vea a trasluz 
y que suene 
con el movimiento natural 
del viento que recibe.


¿Importa, acaso, la ubicación de los objetos

en la mesa de madera
en los estantes abarrotados
en las sillas
en el piso?
¿Importa
detenerse en los detalles
de la cotidianidad?
¿Importan los ademanes
de las rutinas
que transcurren de memoria,
los espacios por donde ondea
la cintura y el pelo cae
sigiloso
por el hombro
sin que nadie lo perciba?
¿Importan las soledades
de los movimientos
incontables
para saber un día de tu vida
el más común,
ese en el que revolvías la olla
con el pañuelo en la cabeza,
y que nunca pudiste contar por escrito
porque el apuro del día 
no te dio espacio
para pensar en los nietos
que iban a querer saber de vos
un día cualquiera
de tu vida, 
Margarita?


Un rayo de luz

Debajo de la sombra verde 
de esta mañana puedo pensar 
en tu voz cuando me dice 
que el amor se diversifica 
como nunca habías imaginado. 
Se refracta innumerables veces 
como la luz que atraviesa estas ramas 
y se disemina a nuestro alrededor. 
Ahora sólo se me ocurre pensar 
que una mano sobre una mejilla 
son suficientes para tanta profundidad. 
Y frente a eso cualquier argumento 
se desvanece. Saber que el amor es sólo 
un rayo de luz capaz de atravesar 
la copa de un árbol frondoso.


No pensabas que el desamor

pudiera ser de este modo:
mover la dirección de la luz
hacia espacios mudos
de todo lo anterior.
La misma luz que se concentra
en un racimo de uvas verdes al sol
y que pudiste ver como por hendijas.
La misma luz que te alcanzó
para permanecer en los días desmedidos.
¿Pero acaso no sabías, aún,
que todo el oro de los días
se desvanece también de modo inexplicable?
Hay palabras que son
como una uva opaca 
e inmóvil
en el centro de un plato
vacío.


Cecilia Figueredo

Nací en Concordia, Entre Ríos, en 1976. Estudié y me recibí de Diseñadora en comunicación visual, en la inolvidable Facultad de Bellas Artes de La Plata. Durante esa época, intercalé las horas de estudio y trabajos prácticos con todas las actividades culturales que pude y lo sigo haciendo ahora en Concordia, por disfrute personal y también como recurso inescindible de la poesía.
Tengo una hija que es mi faro. Tiempo antes de tenerla descubrí el taller de lectoescritura de Marcelo Leites. Desde esa época, con algunos intervalos, soy su alumna. Escribo desde hace casi cinco años y mis poemas aún permanecen inéditos. Nada es igual para mi desde que conozco la poesía.
E-mail: ceciliafigueredo@gmail.com
Facebook: Cecilia Figueredo - https://www.facebook.com/cecilia.figueredo.16

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