EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

sábado, 10 de septiembre de 2016

JANICE WINKLER



Soy muy inquieta y curiosa, meto la nariz, observo. Feliz de contar con un ventanal que me deja ver el pulmón de manzana y todo lo que sucede. Tengo claro, por ejemplo, qué vecinos sufren de insomnio, cuáles dejan la luz del balcón prendida, quiénes salen a fumar; me pregunto por qué la pareja del “A” viene sólo los fines de semana y cómo hacen para dormir todos, ellos y sus hijos invitados, en un espacio tan chico. Mis antenas están todo el tiempo alertas, enchufadas a los cinco sentidos. Funciono como un mapa conceptual, con burbujas que apuntan flechas al concepto central: la escritura. Le apuntan y la nutren, sobre todo, los libros y también las situaciones en la calle, en los bares, en la plaza; los niños, el comportamiento animal —principalmente de mi perro—, los recuerdos que reinvento. Digamos que los recuerdos siempre son reinventados, pero al juego selectivo de la memoria, le sumo la pluma a conciencia. Por eso me divierte cuando algún familiar me dice que tenía otra idea de los hechos. Por supuesto, yo hice lo que quise, porque al pasado me gusta teñirlo de ficción. Los sueños que invento superan en cantidad y oscuridad a los sueños que en realidad sueño. 

Ahora voy mucho a la plaza. Voy más por mí que por mi beba, para que el fresquito me sople la cara, pero también para tomar nota. Pasa de todo en la plaza. 

Los últimos poemas de Burbuja negra los escribí durante el embarazo, ahí primó el cuerpo; el cuerpo cansado, transformado y responsable de otro cuerpo. Hace unos años trabajé en una clínica. Fue un período muy corto, pero lo exprimí hasta sacarle todo el jugo literario. Había cuerpo en mis poemas, pero en relación con la enfermedad. Yo soy pura salud cuando escribo, hay una urgencia plena. Si tengo una idea o palabras que se me dictan solas, tengo que volcarlas, y si no puedo, las recito hasta aprendérmelas. Vivo en un limbo que une la narrativa con la poesía. Cuento historias chicas (iba a decir “mínimas”, como la película) en imágenes, pero lo que me fascina es encontrar la mejor forma de contarlas. Esto viene de mi yo traductora, que es un poco más viejo que el de escritora. Siempre escribí, pero la necesidad, la escritura como forma de vida, nació en el traductorado, con el descubrimiento de autores enormes, con la lectura voraz y la práctica de “decir casi lo mismo”, con la fascinación por los diccionarios.




Poemas

De Un sánguche de amor


Estrella herpes

El señor sentado al lado
tiene herpes zoster.
Lo conozco
lo re-conozco
es como si tuviera
una estrella de mar
en el ojo, derramada
que poco a poco
se va a estirar y
nadar en un mar de moluscos.
Eso pica, debe de picar un montón.
Sólo el que lo tiene
sabe cuánto.
El tipo se rasca
y después se rasca el otro ojo
el sano.
¡Mal! Te vas auto-contagiar, pienso.
Respiro para decírselo en voz alta
para explicarle
pero una yo muy chiquita
con hoyuelos
me ata las cuerdas vocales
porque “no se habla con extraños”.
Se lo explico mentalmente:
Mirá, tu ojo ahora es como
una isla de leprosos
a la que sólo llegan
médicos buenos
como el Che.
Tenés que discriminar
una porción
de tu propio cuerpo.

Yo estoy vestida de médica
pero no soy.
Mis amigas dicen
que me queda sexy.
Trabajar en la clínica
me dio anticuerpos especiales
el herpes no me ataca.
Puedo darle la mano a este señor
voy a hacerlo.
Seguro que hace mucho
nadie quiere estar con él
ni saludarlo
como si fuera un zorrino
o un desodorante 
de flores artificiales.


De Burbuja negra


Ayer visité a mi tía

Está deprimida, no come
sólo quiere dormir.
Le llevé un budín de manzana
y se lo di de a poquito
como a un pato que recién se inicia 
en el nado de laguna.
Ella me dijo te quiero mucho
y yo le perdoné una vida de ausencia.



Nutrias rusas

La pelota de tenis apenas pica, es un objeto muy usado.
Acá hay muchas cosas heredadas
un cuarto repleto de antigüedades.
Los binoculares de guerra con aumento
te acercan al futuro
extendido mil metros al otro lado del campo.
Me los calzo, no hay soldados.
Hay una familia de nutrias. Son grises y
aunque el aumento me marea
puedo diferenciarlas de las liebres
porque son mucho más lentas
y tienen las orejas más chicas.
Además, allá hay un lago, tiene sentido.
Cómo aparecieron ahí es un misterio.
Son cuatro nutrias
me gustaría nombrarlas aunque no me pertenezcan.
Los nombres rusos son los mejores.
No sé si un ruso estará de acuerdo conmigo
porque un ruso no encuentra en los nombres en ruso
ningún sonido especial.
Las voy a llamar: Volodya, Zinaida, Yuri y Yegor
y voy a volver a visitarlas a la distancia
desde este campo amigo
en la batalla por ganar la vida pura y poética.
Voy a volver a contarlas.
Espero que estén todas y nadie las haya cazado.


El saco gestacional

es una burbuja negra dentro de mí
y el bebé, que en la pantalla
resalta blanco
es más chiquito que el gesto 
que se hace en cualquier bar
cuando se pide un cortado.


Horrible

Anoche soñé que adoptaba un bebé
y que después, no me acordaba 
qué nombre le había puesto.

Cada vez que quería llamarlo
la mente se me ponía en blanco.
Él andaba desnudo por todos lados
ni pañal usaba.
Era como un animalito a la deriva
con una madre depredadora.

Anoche soñé, también 
que éramos judíos del Holocausto
que nos hacían trabajar en un campo
frío 
y se nos caía el pelo mal cortado
y que, de vez en cuando 
nos fusilaban.


Janice Winkler

Nací en 1980 y tuve la suerte de ser adolescente en los noventa, de volverme loca con Tarantino y recorrer galerías hasta encontrar The bends, de Radiohead, y canjearlo por la campera que tenía puesta. Escribí siempre, pero más a partir de la facultad. Soy traductora literaria en inglés. A veces traduzco por dinero; otras, just for fun. De los dieciocho a los veintidós, trabajé en el primer bar con onda que se abrió en Almagro. Los Redondos eran habitués y una vez nos regalaron un recital privado. Mi otra gran anécdota cholula es que hice una traducción de y para Paul Auster. Cuando estábamos en tratativas, le mandé una foto de sus libros subrayados y llenos de post-its. En 2012 publiqué mi primer poemario Un sánguche de amor (Sacate el saquito, Mar del Plata) y este año, Burbuja negra, por la editorial Modesto Rimba. 
janisgw@gmail.com / Facebook: Janice Winkler



2 comentarios:

  1. buenísimos los poemas, con una voz súper original, profundos con apariencia ligera y suave

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