EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

domingo, 11 de septiembre de 2016

NOELIA RIVERO



Hasta ahora nunca investigué sobre un tema. Sí me he interesado en desarrollar series, algunas veces, por ejemplo, poemas sobre pinturas en mi primer libro Más claro todo. Pero no es lo usual. Las películas, el teatro, la música, mis lecturas, las charlas, algún suceso pequeño o de dimensiones sociales, una flor nueva, una palabra que me haya dicho mi hija, una amiga, la persona que amo; todo está entre los miles de inesperados disparadores que me llevan a empezar a escribir. Quizás anoto una frase, y luego vuelvo a ella y desarrollo un poema. A veces son transcripciones íntegras de sueños, que luego las trabajo con desapego, involucrándome en cómo entiendo la poesía: un lenguaje que tiene que sublevarse contra lo llano, utilitario, facilista, inmediato; en sintonía con “desentenderse de la fealdad y hacer el vacío sobre sí” (Claudio Caldini dixit) y que no haga daño. ¿A qué le presto atención? Posiblemente a aquello que singulariza, a lo que se vuelve extraño, abierto, punzante, aquello que viene como símbolo denso, y condensando lo que no se puede comunicar y sin embargo trasciende, migra. A aquello que me afecta, que parece una visión, un salto de vida.

Cuando escribo siento mucho placer, un placer también doloroso, que tiene que ver con la ansiedad, supongo, con estar conectada en otra frecuencia, a veces en una especie de posesión que debe ser volcada rápidamente sobre la hoja. El tema de la relación cuerpo/arte no me la planteé teóricamente hasta que ingresé en la facultad. Luego de ello, es bastante difícil hablar sin esas lecturas de fondo. De todas formas, siempre la viví como una sola cosa en mi experiencia de escritura. Aun cuando estoy corrigiendo o reelaborando a partir de apuntes, el sólo hecho de la concentración en las palabras me vuelve a un estado maravilloso, de mucho goce. Me sucede también en la lectura silenciosa y cuando escucho poemas que me gustan. Esto último, es algo que ha crecido con los años. Respecto de autores, lo primero que se me viene a la cabeza: la lectura de Agua viva, de Clarice Lispector, un fragmento de 2666 que describe un momento del escribir como trance, algunos textos de Deleuze como La inmanencia: una vida… y Literatura y vida; el libro del Haschisch de Walter Benjamin, donde se formula el experimento cuerpo/escritura (¿Quién manda? No lo sé, pero el resultado es puro deleite). Comparto fragmentos:

“Copos de nieve…, cabezas desgreñadas… infantilmente.” Benjamin describe con detalle cómo la nieve es derramada desde el cielo sacudiendo “cajitas de guata”.

“Las imágenes sólo quieren fluir, y les da todo igual”.

“El recuerdo es un baño”.

Quizás aludiendo a la dulzura tentadora de la embriaguez, en especial a la de la morfina, se dijo luego: “Mandar propósitos a tomar vientos es una ocupación realmente deportiva”.

Más tarde: “Quisiera escribir algo que venga de las cosas, como el vino de las uvas”.

W. Benjamin, Protocolo del intento del 7 de marzo de 1931.


Puede presentarse incluso que una vida singular prescinda de toda individualidad, o de cualquier otro concomitante que la individualice. Por ejemplo, los niños pequeños se parecen todos y no tienen individualidad alguna; pero ellos tienen singularidades, una sonrisa, un gesto, una mueca, acontecimientos que no son caracteres subjetivos. Los niños pequeños están atravesados de una vida de inmanencia que es pura potencia, e incluso beatitud a través de los sufrimientos y las debilidades.
G. Deleuze, La inmanencia: una vida...


Poemas


*

Momento que recortado
solo    respira
¿alguien escucha?
qué mundo pacífico
qué luz oblicua o perpendicular
atraviesa el ojo
apoyando el oído en el secreto
la boca en la música
la lengua en la música.

(De Más claro todo, Z/P, 2007)


IX

Soy falaz. Creo en todo lo que digo, aunque tenga arrepentimientos. No asumo esta condición y quisiera al igual que el árbol seguir un solo ritmo y no ver ni interior ni exterior.
Me imagino, habrás apoyado la parte blanda de tu mano alguna vez sobre la costra áspera de un árbol y habrás sentido la constancia, el silencio y el curso de las cosas de él y habrás sentido pena de haber dicho muchas cosas en vano y haber hecho muchos gestos en vano.


(De Fiesta en un patio de Temperley, Z/P, 2009)


*

El hambre
La fiesta
La guerra discursiva
Lo primero es administrado
Lo segundo normado
Lo tercero prohibido

(Contexto de héroe,
del bufón
y del poeta)

Mientras, los animales se esparcen en la sombra
desaparecen,
las formas más extrañas,
los de largas y adornadas cornamentas,
los pequeños y santos.



Sagittae

Para Lulu

Partiendo siempre de la noche y de la ciudad extraña terminada por la guerra o por la síntesis (apenas un rectángulo de hormigón que dejo atrás –como la ruina de Roma donde nos sentamos), aparece el límite. Cerca del puente, una jauría de perros ladra y corre en círculos y se presentan ante mí como máscaras. ¿Están furiosos? No lo sé, pero soy vulnerable a ellos. Giro, voy hacia la izquierda por una ruta mal iluminada que se desdibuja en los arcos de un bosque, y ya despierta, recuerdo a Diana, a sus animales y pienso en la misteriosa forma en la que habrán de encarnarse.

(De Yelmo, El ojo del mármol, 2016)


Noelia Rivero


Nací en la ciudad Buenos Aires el 19 de junio de 1979. Viví en el conurbano sur hasta que empecé a estudiar Letras y trabajar. Estoy a favor del aborto legal y gratuito, y el fin del patriarcado. Soy mamá de una hija y la amo. Conocí a Lu y le escribo poemas de amor. Trabajo como correctora en un diario conservador, rodeada de forretas y machirulos. Algún día quisiera vivir en el campo, charlar con mis animales, en dulce compañía. Publiqué los libros de poesía Más claro todo (2007, Z/P); Every girl has a garden. Fiesta en un patio de Temperley (2009, Z/P) y Yelmo (2016, El ojo del mármol). Participé en las antologías Poetas Argentinas 1961-1980, editorial del Dock (2008); Última poesía argentina, Ediciones en Danza (2008); Literatura y Maternidad (2012) y Baldío (2012) por Ediciones Presente (2012); Poesía Manuscrita Vol. 1 (2008) y “Veni, Vidi, Vici” (2015), las dos de Color Pastel; Un verano antes del verano: Poesie, fotografie und notizen aus Buenos Aires, Edition clandestin (2015, Bachman-Ebert compiladores), Suiza y ¿Qué hubiera dicho Safo?, Editorial digital de cuentos Outsider (2016). Creé Zorra/Poesía, editorial de plaquetas y algunos libros entre 2004-2010. El fanzine discontinuo Quedan 181 en estado salvaje, junto a varias artistas y escritoras amigas en el 2013. Subo algunos textos a mi blog www.missbanfield.blogspot.com 


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