EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

miércoles, 14 de septiembre de 2016

PABLO GUNGOLO






Hay algo que capta la atención, entonces comienza una idea, puede ser una frase de una película o un párrafo o verso de algún libro, una parte de un tema musical, o un graffiti, también puede provenir de una imagen cinematográfica o de la calle, una señora pagando verduras o alguien que cree estar haciendo algo y que no es visto. Un diálogo sin relevancia puede contener la raíz de un recuerdo que parecía olvidado. Todo puede ser traducible, luego si esa idea no es desechada y resiste ser pasada de nota a poema empieza el oficio y el trabajo sobre el texto, un primer borrador generalmente desmesurado comenzará a podarse, a recombinar y sustituir palabras hasta ir encontrando su entidad, entonces iré perdiendo el control a medida que el poema se erige y en ese punto cuando el texto comienza sus propias demandas y pide, ya no tengo el dominio y puedo creer en el misterio de la poesía. 

Las sensaciones físicas parecieran quedar afuera en ocasiones porque un texto es hecho mediante pensamiento, imaginación para la construcción de metáforas e imágenes, pero el cuerpo nunca es ajeno y cada tanto sucede que varías palabras juntas y justas erizan los pelos del brazo o de alguna manera tienen alguna correlación física, el poema, creo, debe tener una cuota de reflexión y a la vez también emoción, ese equilibrio, esa medida es el intento. 

Me interesa la relación del cuerpo y el arte. Desde el 2012 integro una revista de danza contemporánea, Segunda cuadernos de danza, y me gusta la posibilidad de reflexionar, discutir y escribir sobre el cuerpo en relación a una obra, cuando se vuelve performático y abre otra posibilidad de expresión para pensar el movimiento muchas veces indecible.                                                                           

Cito dos breves párrafos que me gustan en relación al cuerpo: 
                
E.M Cioran, sobre la enfermedad del libro La caída en el tiempo: "Cuando están sanos (los órganos), los desconocemos; lo que nos los revela, nos hace comprender su importancia y su fragilidad, así como nuestra dependencia de ellos, es la enfermedad. (...) esa imposibilidad del olvido, en la que se expresa el drama de tener un cuerpo, llena el espacio de nuestras vigilias.  (...)"
Kurt Vonnegut en Jailbird: "Mi padre había perdido todo interés en la política, la historia, la economía y afines, decía que la gente habla demasiado. Para él las sensaciones significaban más que las ideas, y le gustaba palpar materiales con la yema de los dedos. Veinte años después, cuando agonizaba, diría que habría querido ser alfarero y fabricar tortas de barro todo el día. "   


Poemas

Del libro inédito los restos.  


las capas del final

últimos segundos del pescado, antes 
de salir del mar sus escamas salpican
una enorme red, un buque noruego 
extingue su carácter animal, despojado 
llega a la argentina en conteiner y su desnudez  
es tan obscena, en una góndola preferencial del market 
los tubos fluorescentes, radiantes 
tan blancos reflejan el plateado 
de la serie: repetidas muertes
sobre hielo picado, un hombre, el cliente 
toma el producto, observa el vencimiento 
en este mundo y lo suma al chango 
de la forma más autónoma, solo le falta pan
lo adquiere en extraña oferta
multiplica y el milagro se produce 
el consumidor final, avanza hacia la caja
por educación lo piensa y por ende saborea 
marinado, con crema, papas y vino… 
qué lejos queda la familia del pescado
ahora, en un plato blanco de loza 
tuvo días bajo el fondo del océano: 
todos los peces van al cielo y sin embargo  
digerido en el estómago, el comensal 
está pleno, a salvo sus ojos  
saltones arrastrados por el tenedor 
al tacho de residuos, hasta que una rata 
negra con hambre, dos días después  
encuentra el manjar viscoso 
dentro de un pote de yogurt 
rodeado de moscas los ojos del pez 
de los mares de groenlandia en fin 
desaparecen, como silencio sobre la cumbre 
de una de las montañas más altas 
del basurero.


páramo 


un tren que se acerca a la ciudad
disminuye la marcha. recuerdo 
las palabras de mi abuelo:  
argentina desperdicia 
sus tierras, en italia siembran 
hasta el borde del camino.    
en la basura los perros hurgan 
y saltan dentro de un auto sin ruedas 
sin ventanillas ni puertas, que cumple 
una función meramente estética 
en el paisaje, dos niños no limpios 
no educados saludan al vagón 
el progreso y la tristeza  
entumecida, la mano por el frío.   
una campera de ciré noventa fluor  
abriga a una señora frente al paso del tren 
la bolsa gastada de nylon cuelga vacía 
de su antebrazo, el viento la hace bandera
flamea en un rincón de la patria  
se aleja la señora y el lote que aún 
es baldío, extiende su memoria 
estatal. el próximo tren y todos 
los demás pasarán sobre el dilatado 
terreno ocioso, inmutable 
que en silencio espera su destino
como oportunidad.



reminiscencia 


el final de una película 
enfoca un mar en blanco
y negro de una playa 
en colores que no existen
ese mar no existe, el cúmulo 
de agua va y viene 
sacude su mismo cuerpo;
el ruido tampoco 
ya existe. el mar 
imita el mar a esa hora 
de la madrugada 
en un departamento  
de una ciudad, el televidente 
silencioso absorbe 
la pantalla: un abismo liquido
las olas golpean el edificio mudo 
y las olas a oscuras en un hombre 
frente a la única luz del televisor. 


visita  


a los pies de la playa con campera 
y auriculares. la voz que no escucha 
por el viento es desarmada 
la canción se pierde el atardecer 
desde el horizonte cae al fondo 
del océano último misterio
se funden al punto de agua más sensible  
que repone con su música: 
olas una detrás de otra llegan 
pequeñas desde un largo eco 
con forma de espuma 
sobre la lona de las zapatillas 
que muy pronto será agua 
y atravesará las medias. 



serás feliz 

debajo de una sombrilla, los pies juegan 
con la arena seca. una fruta tropical 
en la mano, y a través de unas gafas negras 
el mar traga la tierra confinando playa: 
linda postal de verano. debo 
pensarme feliz, para llegar a esta costa 
debo ser feliz: la chica de al lado es feliz  
boca abajo toma sol y cada tanto 
se para, entra al mar y sale a seguir dorando 
su piel; el chico de gorra verde y su perro  
que lanzado el frisbee, corre a atraparlo  
la señora de malla entera que junta caracoles 
en un baldecito y el señor del tejo 
tomando un mate, son felices; en fin: 
el sol la sombrilla la arena el horizonte la fruta tropical
el mar y su versatilidad, ante mis ojos. si ahora 
soy fotografiado, quién diría que en la imagen 
hay un mínimo de desgracia; mi mujer me ama y está feliz 
de estar aquí, en el paraíso, como me dijo esta mañana 
cuando frente al espejo miraba al cuarto del hotel, a mi cuerpo 
en traje de baño, y tarareaba en portugués. sí, ahora
soy fotografiado, así desvestido, debo al menos sonreír  
simular una pose o hacer una mueca.  
por el horizonte, un crucero:
habrá alguien a bordo con ganas de llorar 
disfrazado a la fuerza y tomado 
por la cintura en un trencito 
en medio de un carnaval carioca? 

bordeo la costa con piel de gallina 
disfrutando las sobras, como aprendí.  


Pablo Gungolo
   

Nací en Bahía Blanca, 1980. Actualmente vivo en Buenos Aires. Publiqué Polaroid (ed. La Parte Maldita, 2011) y espero en breve poder publicar poemas escritos entre el 2011 y el 2014, el libro se llama los restos. Participo del equipo editorial de Segunda - Cuadernos de danza http://cuadernosdedanza.com.ar/

pablogungolo@hotmail.com

1 comentario:

  1. Muy hermosos, Pablo. Volveré a releerlos como ameritan las bellas cosas. Gracias por compartir. Carla

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