EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

domingo, 9 de octubre de 2016

ANDREA LÓPEZ KOSAK






A veces la escritura se dispara a partir de una imagen -de cualquier realidad-, a veces de una palabra o frase que escucho, algo que leo. Entonces se activa en mí un nervio, una intuición. Se va transformando, provoca una reacción en palabras que nunca sé bien por dónde me van a llevar. Cuando se da el poema algo se revela, algo me descubre. 
Mientras escribo me siento ansiosa, se me acelera el corazón, como cuando está por pasar algo muy esperado a lo que el cuerpo se adelanta. Siento la tensión de mis manos intentando ir a la velocidad del pensamiento. Me olvido de comer y de dormir, no necesito nada más -ni menos- que ese éxtasis. Fumo para acentuar el vértigo. 
Soy de abandonar lo escrito durante el tiempo suficiente como para poder percibir, al reencontrarlo, si tiene un efecto en mí, si al leerlo se produce esa misma intensidad de placer que al escribirlo. Es ahí donde puedo ver más claro el o los poemas, si es que hay; despejarlos de lo que no es parte de ellos, donde me veo la mano escribiendo. 
No suelo investigar acerca de un tema previamente. Me dejo llevar por lo que me late, que sí decanta de lecturas previas. Más bien investigo durante el proceso de escritura, o después, una vez terminado el libro o la serie, para expandir el sentido. Es como el negativo que queda para mí. 
Intento tener una rutina de lectura-escritura, que por estos tiempos es a la mañana temprano, aunque se va acomodando a los horarios de la casa. Más allá de esos momentos, suelo vivir al acecho de algo que me conmueva, sea un poema, una película, una obra de teatro, o una manera en que la cotidianidad o la naturaleza se muestran. El cine es, de otras ramas, la que más considero un aporte en mi búsqueda. A veces escribo a las apuradas en una libreta que llevo en el bolso. Tengo una hija que es la reveladora de las cosas en las que reparo últimamente. 
Para escribir me gusta el ruido ambiente, que puede pasar totalmente inadvertido mientras suenan las palabras en mi cabeza, o de repente traspasarme, filtrarse en la página, dejar de ser extraño y perecedero.   
Respecto al cuerpo y la escritura se me viene ahora a la cabeza un poema que leí hace poco de Ensayo sobre el poder, de Liliana Lukin:
Toda marca al final del pacto, una firma / hecha con los dientes, aleja al mordedor / de la letra. Ni el símil entre piel y papel / permitirá engañarse: de lo humano imaginado / en el amor de esa marca, no hay más que terror.


(inédito 2016)


Palabras que no alcanzan
cuerpos que no llegan
ahora que la escarcha 
empieza a derretirse plateando el pasto
y vos sos un poco yo, yo
un poco vos, destruimos
paraísos donde no cabía duda
construimos 
la infancia escondidos en placares
polillas hambrientas aburridas
en la oscuridad más íntima 
compartida colgada agujereada  
la intimidad más oscura dijimos
lo que no se puede, el amor
traspasa las paredes, se viste con las sábanas
ahora que el pasto es de nuevo verde
y están las primeras canas
en mis cejas, tu cabeza


***


(de Mula blanca, 2007-2015, inédito)



Santa Marta


Tiene tren pero no tiene vías
pasa por tus pesadillas 
mientras prendo y apago
el televisor del hospital
el aire acondicionado
subo y bajo escaleras que chillan
con el paso en ojotas 
mil veces al día, bajo, subo
volúmenes, intensidades
controlo el estado del oxígeno
la enfermera de pelo rojo me habla
de su hijo, muestra una foto
con la otra mano te sostiene la muñeca
flaca tan flaca todos dicen
quieren saber por qué
quieren saber qué soy
si tu hermana, me miran
las del turno noche rezan padrenuestros
rosas celestes azules
se pintan las uñas como las conductoras
del canal Caracol, apago
prendo, vírica, infecciosa
contra tu corazón que no deja de latir. 


***


(de Indor -2011- El ojo del mármol 2015)


Papá echó raíces no había suelo
apenas espacio para las sombras
un crujido al ajustarnos
en otoño
pálidos nos confundimos 
cuando se cerró la puerta
La herida 
tiene que tomar aire, dijeron
los demás
espiábamos por un hueco 
en la pared las manchas.


***


(de Leva -2008 -Editorial Literal, Méjico 2015)

La opresión de los dedos es ligera. El pie pequeño se escapa. Gotas que caen del pelo sobre las piernas cruzadas de la mujer que ríe. Tienden a confundirse con truenos, otra vez, los helicópteros. Boca arriba en los patios los chicos absueltos del uniforme escolar se refrescan. La ciudad en suspenso como si algo se nos fuera a revelar.  


***


(de Le dan hueso -2009- Cinosargo, Chile 2012) 

Presas de la misma intriga se inmutan 
las vacas 

voy automática por la llanura 
¿no ven que soy yo 
el sacrificio? 

hay un cartel 
con todos esos presagios 
se burlan 

voy hacia fosforescencias 
hacia alambres de púas 
¿del brazo de quién 
para ser ofrecida? 

magra 
y con la sangre en el blanco 
del ojo siniestro me miran

Andrea López Kosak


Nací en Bahía Blanca en 1976, en el barrio de Bella Vista. De chica escribía en cuadernos contables con páginas de Debe y páginas de Haber. Cuando tenía siete a mis padres les gustó algo que había escrito donde nombraba todas las plantas de nuestro patio. Les gustó tanto que rompí la hoja y la tiré. En secreto intenté reescribirlo, no pude. Todo lo escrito desde entonces es un intento de reparación. Estudié durante algunos años psicología en la Universidad de La Plata. Estudié música. Participé de talleres y clínicas de poesía. Me encontré con personas que le fueron sacando filo a mi mirada. Publiqué por primera vez en 2005, Bailar sola; Chicas de bolsillo, EDULP). Entonces no estaba buscando publicar, se dio digamos que accidentalmente, pero terminó siendo decisivo en mi relación con la escritura. También publiqué, además de los libros mencionados más arriba, La Tarea, en 2011 por Manual Ediciones en Chile. Hace unos años volví a Bahía, donde vivo con mi compañero e hija.   

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