EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

lunes, 10 de octubre de 2016

EMILIO HERRERA




Rara vez son la libreta o la lapicera, las que mandan, más bien la necesidad profunda de que la hoja en blanco del Word se llene de palabras. Es en ese momento, donde interactúa el cuerpo y necesita evadirse del entorno, que generalmente, tiene que ver con una oficina, donde el silencio y la tranquilidad suelen faltar. La abstracción es importante, recuperar el no sentido de la escucha y la observación de lo que rodea a ese escritorio lleno de expedientes y disparar la mirada sólo a la pantalla donde el poema dirá más que la jornada laboral. El poema es el final de un decir y ese decir es necesario plasmarlo en una hoja, en un solo acto, pues el tiempo también tiene su compromiso con el poema y no puede esperar, no puede escribirse por partes, dejarlo descansar y luego continuarlo. 

No creo tanto en eso de la inspiración o de las musas, sino en lo que uno observa alrededor, influido siempre por las lecturas, que van cambiando todos los días. El secreto más preciado, a la hora de escribir mis propios textos, es la lectura inmediata, una palabra, un verso, un poema entero ajeno, es un encuentro con mi propio sentido, que como una sopa de letras se va armando y así el rompecabezas.

En lo cotidiano encuentro esas imágenes internas, que en realidad parecen más una situación recordada o a veces olvidada que en esa sopa aparecen y que en el papel se va armando. Muchas veces acompañado por el color azul, que siempre funciona como disparador, observo las cosas y los hechos tiñendo todo de ese color, más allá de que luego el azul mismo no aparezca necesariamente en el texto si no es necesario. 

Pero todo esto, también se acompaña con el proceso de reescritura o de corrección que nunca pueden faltar, ahí aparece el verdadero poema, pues es imposible no pensar que escribir tiene por lo menos tres etapas: armar como una especie de maqueta, construir los versos, armarlos y luego quitar lo que sobra o afianzar lo que queda, casi como un trabajo de arquitecto. 

Sí, eso, el poeta tiene que ser una especie de arquitecto pero de la palabra, que pone el cuerpo, a veces anestesiado y otras llenas de fervor en cada palabra elegida. Esto lo veo muy relacionado con un poema o con varios poemas del poeta Joaquín Giannuzzi donde el paisaje urbano se va construyendo a medida que el poeta observa, como dice en su poema “Los trabajos y los días”, una oreja intelectual que gira para mirar toda la cocina, ahí el punto donde el poeta funciona como eje de lo que ve y luego será poema. 
Y eso queda aún más claro en su poema “Paisaje Urbano”, cuando dice: 

He aquí el mundo
componiendo una música tan excesivamente humana
que un accidente no modificaría la situación.



Poemas


HABITAT


hoy mi habitación 
es un depósito 
ahí tiraron las cosas que no sirven
afiches apuntes objetos rotos
lo que cualquier hijo de vecino
tiraría a la basura

todas esas cosas
permanecen en este lugar,
no queda espacio para las mías

mi madre
mi padre
mi hermano
las dejaron ahí 
chucherías del pasado
que a nadie le importan.


ESTA NOCHE

no recibí más mensajes 
encendí un cigarrillo
apagué las luces,
la habitación 
está como siempre
se repite el color
en toda la casa
la música se siente 
en la sangre
cada tecla del piano
es una herida en el cuerpo
la batería del celular 
sigue en rojo
como mi pensamiento
cuando te vas 
y esta noche solitaria
se apaga
se deja dormir.


EL NUEVO ESTANQUE 

I

la lluvia respira hasta cansarse
cada gota es un lento caminar 
desde la cornisa hasta el piso

el silencio de su caída 
se vuelve una imagen perfecta
que sólo la naturaleza puede dar

aquí ninguna flor domina la situación
sólo las viejas hojas de abril
se acumulan en la rejilla
el charco de agua 
las pequeñas olas del viento.


II


la pelopincho
es un nuevo estanque
que sigue acumulando basura 

medias 
que usaré como trapos de piso
monedas que juntaba
en una caja de plástico
adornan el fondo
con su color bronce

algunos juguetes de mi hija,
estampas de santos 
que parecen endemoniados 
por el barro 

el patio es un campo de guerra 
que no ha sido atacado por armas
sino por tornados y relámpagos
que quisieron llevarse todo puesto.


ENTRE EL RÍO Y LA NOCHE


la pava
corta el ruido del silencio
siempre la dejás hasta lo último
para que el agua sea potable
porque viene de los juncos
cercanos al río 

es mejor así 
estar más cerca de la playa
y alejarse del río 
que cuando sube arrasa 

como escribiría un poeta chino
la tetera recién hecha
debe tener bordes dorados de oro
con su manija de caña 
sacada del bambú,
la planta más certera
para armar una choza
en medio de un pantano

entonces 
ponés el té en su punto justo
la noche se cierra 

abrís la ventana
el paisaje mudo ya no canta

sólo un soplo de viento
bastará para enfriar nuestras tazas. 


CAMPING

sabiendo que no soy apto
para esto
acampamos

la noche ya es un concierto de luciérnagas
de grillos que van pululando,
mosquitos que entran a la carpa 
y no hay fuyi ni off que aguante

levantarse temprano
el azul a pleno 
simula la tempestad de ronchas
que la noche dejó 

cómo quisiera tener esa casa rodante
prepararme un té una limonada 
dejar el agua para tus mates
volver a casa.  


Emilio Hernán Herrera

Soy Emilio Hernán Herrera nací en el barrio de Belgrano en el año 1978. Bajo el signo de Acuario. Estudio Letras cuando las ganas vienen, especialmente en el Profesorado de Alicia Moreau de Justo, donde siempre me encuentro con gente muy querida, trabajo hace 20 años en la Superintendencia de Seguros, el espacio ideal para escribir. En el año 2006 publico, para Ediciones Baobab, mi primer libro, Ocho lunas de una noche de Carlos Oquendo, donde presento una selección de mis heterónimos, homenaje al poeta Fernando Pessoa. Participo del taller del maestro Osvaldo Bossi, realizando las antologías con los demás compañeros, en los años 2013, 2014 y 2015 para la editorial Viajera Insomne
Este año presenté mi segundo libro: Un cuarto azul, por ediciones El Ojo del Mármol. 


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