EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

jueves, 27 de octubre de 2016

NURIT KASZTELAN




Primero necesito tiempo. No tener que hacer cosas, un espacio vacío. Nunca es lo mismo lo que despierta la escritura. Suelo ir al Tigre, al agua, mirar mucho ese paisaje me pone en un estado de calma, me provoca escribir. Pero a veces el estímulo de la ciudad también. Un poema se escribe caminando por la calle, y solo a veces pasa al papel. 
Cuando escribo teatro por ahí investigo un tema, y leo mucho sobre eso. Pero en poesía aparecen primero poemas sueltos, y recién cuando hay cierta cantidad me doy cuenta de que hay un eje que los agrupa, y que tengo que tirar de ese hilo para seguir escribiendo. 
Voy al teatro y a muestras de arte seguido, pero no porque lo necesite para escribir, sino porque me gusta hacerlo. No ando buscando las cosas, las cosas aparecen sin que yo las pida. Sólo a veces, muy pocas veces, una obra o una muestra me da vuelta. Ese momento es mágico. Me pasó con la obra Actriz, de Barbara Molinari. Y me ayudó a ver como posible una idea para una futura obra. O con la muestra Celdas de Louise Bourgeis. 

Con la poesía siempre fue distinto, va por otro lado. A veces siento que escribo poesía para imponerle un ritmo pausado a mi vida que no la tiene. Por supuesto esta sensación está intimamente relacionada con el cuerpo. Estaba en Córdoba, en España, y sentí muy fuerte el tema de la raíz, de los orígenes, y me senté en un banco y empecé a escribir sin parar, cosas que venía pensando y escribiendo mentalmente antes, y de repente así como así encontré un nuevo eje para un nuevo libro, que quien sabe cuando termine. 

Me interesa esto que dijo Louise Borgeaus en La destrucción del padre. No se si hablan estrictamente de la relación entre cuerpo y escritura, pero si del arte en general:

No dispuse de la seguridad que concede una religión, así que al final esta sería la razón principal que me llevó a convertirme en una artista, la búsqueda de un modo de supervivencia. 
No quisiera usar la palabra “terapéutico”, pero lo cierto es que el exorcismo es una aventura terapéutica. …La obra me transformó. Es por eso que los artistas siguen trabajando, no porque mejoren como artistas sino porque cada vez soportan más. Por lo tanto cuando hablo de éxito, no me refiero al éxito material, si no al resultado exitoso del proceso creativo.
Hay una tensión creciente que surge de mi encuentro físico con el material concreto. De esa tensión creciente, que siempre aparece, surge lo que quiero decir. De pronto uno interpreta esa tensión y consigue expresar lo que quiere. De pronto se produce una liberación total, como cuando te despiertas con hambre. Es una señal. Si tienes hambre es que lo lograste.

Poemas


La  molienda

Lo único que quiero 
es provocar 
un estado de tensión 
en el que las cosas se rompan
y no haya ruido. 

Funciono como las plantas,
si aspiro demasiado
me ahogo. 

En Méjico me contaron 
de una mujer 
a medida que molía el maíz, 
su brazo iba desapareciendo. 

Soy como esa mujer
que se muele a sí misma
me escribo 
y desaparezco.


Química de las esporas 

Cuando la ausencia 
se vuelve orgánica
me convierto en espora 
si entro en contacto con algo vivo
cambio de estado:
reacciono químicamente. 

No me sirve entender
no me sirve 
la palabra consuelo
necesito creer en cosas menores. 


Variables

Noventa y nueve más dos
es ciento uno, ¿no?
dije mirando por la ventanilla del auto 
mientras contaba los carteles de la ruta
al volver de las vacaciones.
Tenía cuatro años y todavía
no sabía escribir mi nombre.

Siempre fui buena para los números,
podía resolver ecuaciones 
con variables que ya estaban dadas.
Cuando en el colegio me dijeron 
escribí tu primera historia
dije números, dame números. 

Mi tía murió y murieron las navidades,
la cena en el patio,
la casa en Flores, algo de la familia.
Ante la primera pérdida
agarré una hoja 
y empecé a escribir.


Lógica de los accidentes

Si pudiera entender el orden 
que lleva a los accidentes,
la pérdida de lo dado, la distribución 
desigual de la angustia, 
escribir una palabra como crave, 
anhelar, ansiar, necesitar con urgencia,
pero no tiene traducción 
no tiene lógica
sólo en el cuerpo. 


Del aire no se tiene memoria pero de la falta sí

No aprendí a respirar 
de la manera correcta;
me queda el gesto
de acapararlo todo
en una sola bocanada. 
No conocí
la forma del límite. 

Todavía me resuena
una frase de mi abuelo
con ese complejo de guerra:
comete todo el plato
la comida no se tira.

El miedo siempre  
que en el futuro falte. 

De Lógica de los accidentes, Vox, 2013


Nurit Kasztelan


Me llamo Nurit Kasztelan, mi nombre ya contiene una paradoja porque significa iluminada pero también fuente de luz. Escribo poesía y dramaturgia, estoy empezando a dirigir mis textos en teatro. También tengo una editorial y una librería. Me gusta trabajar con gente. Tengo una gata que se llama Amelia.
nuritkasztelan@gmail.com

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