EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

martes, 22 de noviembre de 2016

LAURA FUKSMAN



Los poemas empiezan antes de ser poemas. Un color, un sonido, alguna palabra que escucho y me quedo paladeando.
La música me inspira mucho. Escuchar Piazzolla es un poema garantizado. También las imágenes de lo cotidiano. Una flor que crece desde el cemento, un gesto entre dos personas en el colectivo, un tomate tirado en la alcantarilla un día gris de lluvia. Como si con una Polaroid atesorara la imagen y quedara a la espera de. 

Si estoy tranquila en minutos, pocas horas, irrumpe el poema. Y cualquier superficie es válida para escribir. Irrumpe sí, porque viene a mí, no lo voy a buscar. En cambio, si mis días son muy ajetreados, lo cual es lo más frecuente, empiezo a sentir algo corporal. A veces es como un ojal que se va abriendo en medio del pecho y necesito escribir para circunscribirlo. Muchas otras, la sensación es algo parecido a cuando algo te pica y no te podés rascar. Esa es para mi la señal de parar. Entonces me invento un rato de soledad, puede ser en mi casa, o entre paciente y paciente, o en algún café pequeño, o me voy al parque. El lago y los patos son siempre una buena compañía.
Una vez que el poema ya está en papel, siento que al cuerpo le creció un lugar.



Algunos textos que me gustan mucho sobre el cuerpo y el arte:

-58 indicios sobre el cuerpo. Jean Luc Nancy

11: Los dientes son los barrotes del tragaluz de la prisión. El alma se escapa por la boca en palabras. Pero las palabras son todavía efluvios del cuerpo, emanaciones, pliegues ligeros del aire salido de los pulmones y calentado por el cuerpo.
12: El cuerpo puede volverse hablante, pensante, soñante, imaginante. Todo el tiempo siente algo. Siente todo lo que es corporal. Siente las pieles y las piedras, los metales, las hierbas, las aguas y las llamas. No para de sentir.


-Free Play. La improvisación en la vida y en el arte. Stephen Nachmanovitch.

¿Cuál es la Fuente que tocamos al crear? ¿Qué querían decir los poetas antiguos cuando hablaban de la musa? ¿Quién es la musa? ¿De dónde viene el juego de la imaginación? ¿En qué momento los sonidos se convierten en música? ¿Cuándo pueden llamarse arte los dibujos y los colores? ¿Cuándo son literatura las palabras? ¿Cuándo es enseñanza la instrucción? ¿Cómo equilibramos la estructura y la espontaneidad, la disciplina y la libertad? ¿Cómo se codifica la pasión de la vida del artista en la obra de arte? ¿Cómo nosotros, los creadores de la obra de arte, hacemos que la visión y la pasión originales que nos motivan resulten adecuadamente retratadas en nuestra actividad creativa del momento? ¿Cómo nosotros, testigos de la obra de arte, decodificamos o liberamos esa pasión cuando el artista ya no está y sólo tenemos ante nosotros la obra misma para verla o escucharla, para recordarla y aceptarla? ¿Qué se siente cuando uno se enamora de un instrumento y un arte? 


 -El odio a la música. Pascal Quignard. Segundo tratado: Sucede que las orejas no tienen párpados.

Todo sonido es lo invisible bajo la forma de un abridor de envoltorios. Se trate de cuerpos, de habitaciones, de departamentos, de castillos, de ciudades amuralladas. El sonido ignora la piel, no sabe de límites: no es ni interno ni externo. Ilimitante, es ilocalizable. No puede ser tocado, es lo inasible. La audición no es como la visión. Lo contemplado puede ser abolido por lo párpados, puede ser detenido por el tabique o la tapicería, puede ser vuelto inaccesible de inmediato por la muralla. Lo que es oído no conoce parpados ni tabiques, ni tapicería ni muralla. Indelimitable, nadie puede protegerse de ello. No hay punto de vista sonoro. No hay terraza, ventana, torre o ciudadela que ofrezcan un punto de vista panorámico para el sonido. No hay sujeto ni objeto de la audición. El sonido se precipita. Es el violador. El oído es la percepción mas arcaica de la historia personal, incluso antes que el olor, mucho antes que la visión, y es aliado de la noche.

Un poema de Susana Cerdá

Ha escuchado: las palabras se han agolpado formando coágulos 
tibios, haces luminosos corriendo por los estrechos conductos 
de la sangre, bolas de fuego que han aflojado mis muñecas, los 
dedos descansan húmedos sobre las piernas, la cabeza no opone 
ya resistencia; apenas inclinada hacia delante, respiro 
lánguidamente el olor de mi pecho, un vaho caliente 
palabreadamente sube de la complacencia de mis senos, ahora 
dulces, destilados por una plateada vertiente de sonidos, hilos, 
halos, malla finísima que me ciñe la piel, se demora entre los 
pelos, afloja, reduce, vence, jugueteando con la hendidura de 
mi hombro derecho, recala y arremete de lunar en lunar, dibuja 
pájaros blancos que rumorean la cintura. Trazando un abanico 
las piernas se entreabren, una por una las palabras-gotas gotitas 
se van deslizando alzadas frente al gran vientre de hierro, 
horadan, horadan, tocan con fin, tocan y se abren como 
granadas, dolorosamente.


Poemas


Tangram
en que el edén
en abrazo vertical
supo: lo había olvidado todo
sobre geometría
la agudez de los ángulos,
la gravedad de las palabras
rulos, flecos y el mullido de los contornos
y entre tanto pedalear la intimidad,
la salamandra azul.


*** 


No sólo el pan se vuelve cotidiano.
Con el mismo asombro
que los verdes búhos de traje victoriano
descifran mis trazos
en la pequeña libreta
traída de África
con el mismo asombro
escucho el albedrío de mi voz
y las palabras con las que soy dicha.


***


No sólo el pan se vuelve cotidiano.
Como si no alcanzara
el melódico estertor
de estornudar la decadencia
volvió la niebla,
mi osamenta sibilante,
mi pasado anfibio
sin manto ni albergue

no debo levantarme aún.


***


No sólo el pan se vuelve cotidiano.
Con la misma calma
que los cerezos florecen
al ritmo del butch
lentos, continuos
delicados engranajes
sin pensarlo construimos
la versátil pareja que somos
y no.



***


vuelvo a vestirme
de blanco
si lo onírico escapa
del edredón en retazos
vuelvo a vestirme
sin permiso
vuelvo de blanco
con dificultad
a lo desecho
y al desencanto
de blanco vuelvo suceso
vestirme de próspera grieta
tesoro de nívea ilusión
vuelvo a vestirme
de blanco
a vestirme virgen
mirra entre mis cactus
sin terrazas hinojos,
jesuses ni magdalenas
vuelvo
a vestirme
de blanco
inmaculada. 

Laura Fuksman


Me llamo Laura Verónica Fuksman, aunque nunca uso el Verónica. Nací en Buenos Aires a fines de 1970, bajo el signo de Sagitario. Soy muy curiosa e incansable. Soy médica, especialista en Clínica Médica. Como no encontré en la facultad las respuestas a mis preguntas sobre el cuerpo humano seguí buscando. Soy Instructora de Movimiento Vital Expresivo y Coordinadora de grupos con recursos expresivos del Sistema Rio Abierto. Co-coordino Letra Viva, Taller de Poesía y Movimiento. Desde siempre fui apasionada por la música y la literatura. Soy cantante y en los últimos años, comencé a escribir. En julio del 2016 publiqué Hostal Klezmer (Zindo& Gafuri), mi primer poemario. Vivo cerca del Parque Centenario con mi marido, mis dos hijos, y un gran maestro: mi gato Panqui.

laufuksman@yahoo.com.ar



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