EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

miércoles, 30 de noviembre de 2016

ROXANA MOLINELLI




Imágenes del día o de sueños, sonidos, una frase en una charla o en cualquier texto, me cooptan para escribir. Otras formas como el cine y el teatro, ciclos de lectura, entrevistas, reseñas, me encantan pero me sumergen en una trama, no en unidades simples y por eso casi no puedo establecer distancias de desagregación, me pegan en las emociones y necesito digerirlas con la cabeza. De ellas no surge como efecto directo la escritura. Seguro igual influyen después, ese contacto nos va formando y nutriendo, nos permite estar cerca de esos estados de trance que son inherentes a la escritura de poesía, al menos para mí.

No tengo mucho procedimiento ni espacios de pertenencia para la producción. Puede venir la frase que inicia el poema caminando o en el colectivo en plena ciudad y entonces agarro el celular y trato de anotar. O puede aparecer en casa un sábado buscando el sol por la ventana, deteniéndome en las hojas nuevas que le salen a alguna de mis plantas. Puede ser ante un paisaje natural o mirando caminar sobre la pared a un insecto. Pero lo que tienen en común todas estas situaciones es ese abrir una puerta a otra dimensión donde domina lo ínfimo. Una se transforma en cuidadora de lo que suele pasar desapercibido.

Y lo que siento es el asombro casi mágico por la palabra que emerge,  que está tan lejos de la rutina, de lo esperable, que nada tiene que ver con esa tensión por producir cosas, esa secularidad y enajenación a la que estamos acostumbrados. Es lo contrario, es un estado de sensibilidad y conciencia extrema, como de trance. Quiebre, deslumbramiento, encanto, la palabra poética está cerca de esos momentos primigenios ¿no? De lo que casi no puede ser representado y que desborda en sentido. Y hay ahí una sensación única del sentir físico donde el cuerpo entra en la plena materialidad de su condición, de su arraigo y labilidad, donde mundo interno y externo no existen, todo es correlato. Una cosa así tengo que sentir para que nazca el poema.

Después, si el texto lo requiere, sí investigo sobre un tema; para poder completarlo,  dialogando con el mundo al que refiere.  Pero primero está la escritura, que llega desde la experiencia. No es que elijo “quiero escribir sobre esto” y me pongo a indagar para después escribir. No podría hacerlo así, al menos por ahora no lo concibo, saldrían artefactos con un manual de instrucciones.

Igual todo esto no quita el trabajo de corrección posterior, que si la obra lo amerita, es con un otro, alguien que sabe mucho más y acompaña el proceso. Creo que la consolidación de la creación necesita un trabajo metódico. Tanto sea de limpieza, crecimiento o reconstrucción.  Es un momento distinto al de la emergencia del poema.


Poemas

Caminando por la reserva ecológica
una obra abandonada se perdía entre pastizales 
a diferencia de las torres espejadas. 
Me contaste que de chico
te fascinaba andar por las obras
vivas ruidosas metálicas
que tu papá los llevaba
a cada provincia
y tenían que mudarse
por su trabajo de ingeniero.
Que ahí tampoco estaba
la casa de tu infancia
ni las arañas en frascos
de la buena suerte.


***

Me decís que los ríos de Europa son viejos y tristes,
mirando el Arno pienso
que le tengo miedo a esas cosas que abren a otros sentidos.
Otra vez no puedo
el río subterráneo 
el vergel
brotando a la superficie
pero  tampoco quiero quedarme en esa edad de uno mismo
que se parece a los ríos de Europa
que no tienen barro
ni salida
y  vuelven siempre 
circulares a un encuentro.

Por la rambla de piedras 
un nene y su perro juegan.
Ninguno de los dos sabe del pasado.

Sos de la especie que espera 
en su complejidad que no ostenta
como el fondo  
de los ríos de Europa.


***

Remiserías con dos horas de espera  
y ningún colectivo a la redonda. 
Sólo queda caminar.

Respiro aire
de chalecitos de tejas
quiero la casa grande con patio 
y mesa de piedra
sobre ella un frasco de mermelada
con agua lleno de flores
de esas doradas y púrpuras
que crecen 
silvestres al ras del suelo 
mate pan casero
olor a pasto recién cortado.
Pero si la tuviera ya
¿sería  el hogar 
de chimenea y ventanas abiertas
con caminito
y dos árboles en la vereda?
¿O las flores
sólo serían yuyos amarillos y violetas 
traídos por algún chico
en un domingo familiar
tiradas por ahí 
como una ofrenda fingidamente consentida?

Camino
tengo que seguir.

Ahí crían y venden plantas, es un vivero, al fondo hay una casa. 
El lugar es un vivero con casa en el fondo.
Eso allá no se ve,
no se huele a palo santo  
de hornillos de cobre 
colgados en galerías de tardecita.

Media hora caminando
al fin subo a un colectivo.

Tengo miedo de verlo. Si lo cruzo
darle un abrazo agradecido y suave
callar y entendernos
dejarlo ir.
Sé que no podría
si hoy subiera al colectivo
verlo de frente,
el mundo muerto.

Ya pasó
ya pasé por la puerta 
y nada pasó. 


Cruzo el puente
el verano 
no era sólo calor quieto
de las dos de la tarde
era también un vértigo
matar o morir
en el fondo lo sabía
lo supe en un tren bajo tierra
en la constancia sin paisaje
vidrio y aire sin flor

subo 

existís.


***


Por la autopista 
la noche estaba clara
y se espejaban las luces del puerto
formando un paisaje de dos cielos.
¿Los primeros habitantes
habrán imaginado que la noche  
iba a ser esta infinidad de destellos 
cegándolo todo?
Cada cosa que hacemos
es imitación de otra
la naturaleza nos presta su gracia
la creencia del invento.
¿Y entonces la duda,
la canción?
Buenos Aires es un pulmón gigante al que siempre le falta el aire,
se ensancha y contrae  
mientras entramos a su boca repleta
se va disipando el olor a monte
que todavía persiste
como resabios fértiles
que ofrece el río.


***

A veces cuando caen medusas 
nos preocupamos
por la poca inversión que hay
en investigación científica
y cómo pueden pasar desapercibidas
en el catálogo de fenómenos estelares.
Otras veces
nos subimos a ellas
vagamos por el cosmos
hablamos lenguas futuras
apenas nos dan miedo 
las rarezas 
de toda novedad.


(Selección de las mañanas, el deshielo, Sello Editorial El Ojo del Mármol , 2016)


Roxana Jésica Molinelli


Nací en Quilmes pcia. de Bs. As. en 1983, De signo Leo, ascendente en cáncer.  Crecí en un barrio, jugando entre zanjones y sauces. Soy hija de Nené y Tono, la más chica de cuatro hermanos, tía de cinco sobrinos, madrina, amiga, pareja de Diego con quien convivo en Ciudad de Buenos Aires. Estudié sociología en la UBA y me dedico a temas de género, formación y trabajo. Empecé a hacer talleres de escritura creativa en 2014 (con Verónica Yattah, Natalia Romero, Claudia Masin), algunos de mis textos figuran en blogs y publiqué en 2016 por el Sello Editorial el Ojo del Mármol mi primer libro: las mañanas, el deshielo.


1 comentario:

  1. me gustó mucho la explicación de tu proceso de escritura, saludos

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