EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

domingo, 12 de febrero de 2017

FRANCO BOCZKOWSKI




Al escribir poesía le presto atención al sonido. Muchas veces un poema surge de una cadencia, una frase o un ritmo que se repite y vuelve, persistente, durante días o incluso meses. Por supuesto, también hay una idea o, mejor, varias ideas, que será necesario unir o relacionar en algunas líneas. Muchas veces pienso el poema o la literatura en general como esa forma de establecer una relación entre aquello que, a simple vista, no parece estar relacionado. De aquí que la literatura no puede ser una simple vista; no puede simplemente reflejar una mirada, tiene que darla vuelta. Y por supuesto, le presto atención a la realidad; no puedo hablar de otra cosa, no hay nada que la supere en creatividad y sorpresa. La literatura, entonces, es una forma de dar vuelta la realidad.
El cuerpo es la trampa de la escritura. Escribir produce un cansancio y un agotamiento tan profundos y peculiares que uno siempre posterga su momento y espera estar mejor físicamente para encararlo. La satisfacción de la escritura, su placer, es mucho mayor, pero sólo viene después de la aspereza. Por otra parte, lo físico se vuelve necesario en la escritura. Ya dije que muchos poemas surgen de un sonido, una música, es decir, de una motivación física. Además, en mi caso, las ideas, los sonidos y los poemas se me ocurren en general caminando y, sobre todo, apurado cruzando calles. Entre el paradigma proustiano de escribir encerrado en una habitación forrada de corcho y el de Joyce de hacerlo recorriendo tabernas nocturnas, me llevo mejor con el segundo, a pesar de preferir las habitaciones a las tabernas. Paradojas. Después de todo, Proust, para recuperar el tiempo, antes tuvo que haberlo perdido.


Poemas

De Razones personales, Editorial Nudista. Córdoba, Argentina, 2013.


Mediodía en Atenas

La época tiene su atractivo de libro de historia
sumado al otro atractivo de ser actual
y quedar nada más que a unos cuantos pasos
de la puerta de casa, donde concentran, a veces, cada día,
sectores de masas diversos, atentos
a sus reclamos. Este mediodía en Atenas
enfrentaban, congregados, el ajuste.
Este mediodía, el sol, en Córdoba, mostraba
toda su experiencia de miles de años,
la preparación de una huelga general
en Grecia, contra la troika que negocia condiciones
para una nueva ayuda financiera,
aunque el ministro de finanzas asegure
que el dinero alcanza para pagar hasta noviembre,
y aquí la FIAT informe que no habrá suspendidos el viernes
porque Brasil empezó a mover, nuevamente, los mercados,
el 19 de octubre marcharon en Atenas
más de medio millón. Decenas de miles
en todas las ciudades griegas
mostraban el futuro de la Unión Europea,
porque las ciudades, como las personas, cambian,
aunque el sol del mediodía sea el mismo (el mismo sol
que permitió a Aristóteles estudiar los eclipses
y la poesía) y aunque se insista con estar blindados,
Volkswagen aquí adelanta vacaciones,
Renault suspende por falta de insumos,
y nos movemos, alterados, bajo el sol inalterable
del mediodía, entre la experiencia, la mentira,
la convención y las posibilidades de que ocupemos la historia,
como en Atenas hoy se ocupaban
edificios públicos, calles y portadas
en los diarios del mundo.



Gran depresión
adeudado a Ezra Pound


“For us, there is only the trying. The rest is not our business.”
T. S. Eliot


Es necesario gastar
para evitar caer en la depresión
dijo el FMI,
la crisis recesiva es ya intolerable.
No estamos en tiempos normales,
estamos en tiempos extraordinarios.
El déficit y la desaceleración,
la única forma de salvar la economía, dijo Bush.
Hay que echar el lastre para subir,
pero cuánto del pasado es desechable.
El crédito y el consumo se derrumban;
el capitalismo, tal como me enseñaron,
es una usura despiadada, un robo sin orden ni control;
el capitalismo nos ha enseñado
a no desear a la mujer del prójimo,
sólo su trabajo,
que vale más que una mujer.

Era una decisión,
la caída del euro no te iba a afectar en lo más mínimo.
¿Habrá sido por eso que te fuiste?
Los países de Europa tienen bancos más grandes que sus estados nacionales;
es imposible cualquier salvataje.
La Unión Europea, querida,
será Europea pero no es para nada una Unión.
La ciudad se iba llenando de basura.
Pero no te importaba. Te ibas,
arreglabas los últimos asuntos.
Nuestras casas ya valen menos
que los créditos que por ellas pagamos.
Es mejor abandonarlas, irse a otra casa,
o dejar de pagar.
Es mejor irse, decidiste,
y diste origen y motivo a una gran depresión.
La realidad de las pérdidas contrasta con las ganancias ficticias.
Toda riqueza queda en el pasado.
Los periódicos hablan ahora de China y de América Latina,
pero los capitales se fugan, la moneda se devalúa,
y los “países emergentes” son sólo eso,
países en estado de emergencia.
Y mientras tanto, la ciudad se va llenando de basura,
y tres años de vida entran apretados en dos valijas.
Yo quedo afuera.
Sólo ocupo el lugar de la basura, el desecho despreciable de un pasado inventado y fabulesco.

¿Cuánto del pasado es desechable?
Los bonos tóxicos son créditos del pasado,
un banco vende el crédito, otro lo compra y lo quiere vender;
y todo queda en el pasado, querida.
Toda riqueza queda en el pasado.
Qué bella forma de inventarse uno y hacerlo llamativo.
¿O no?
¿Habré sido, alguna vez, parte del presente?,
¿o alguna esperada promesa por cumplir?,
¿algo más que un recurrente recuerdo fabricado?
Incluso cuando estaba al lado tuyo
y decías que había cosas que seguramente eran el amor
formaba todo un pintoresco recuerdo
que sería mejor tener que no tener.
Siempre es preferible olvidar que ignorar.
Sólo nos queda el intento y nada menos
de nada podemos arrepentirnos;
el resto no es asunto nuestro,
no hacemos dinero con este negocio.

No hagas caso, querida. No me prestes atención.
El despecho contamina más que la basura.
Veo, no es éste, seguramente, el olor natural de la ciudad.
Tampoco es tu hábitat ni el mío.
Fue sólo un pequeño pedazo de tiempo y de tierra que a ambos nos ha pertenecido
por sólo un pequeño pedazo de tiempo y de tierra.
La eternidad sólo se mide adentro de los museos.
No hagas caso.
Es solamente un conflicto por la basura
pero no es nuestra basura.
Basura son judíos y cristianos,
y con usura van juntos y olvidan
que son judíos y cristianos.
El capitalismo es una usura despiadada
que nos ha obligado
a no desear a la mujer del prójimo,
porque, después de todo, es propiedad privada.


De 30.30 Poesía Argentina del Siglo XXI, Editorial Municipal de Rosario, Rosario, 2013


Una nueva tentativa

No es ni debió haber sido nunca terminado aquel momento
en que te vi dormir, apenas inclinado
sobre vos, apenas respirando, los dos
al mismo tiempo, ese mismo tiempo
que no te importaba, ni te importa, todavía, perder,
separados ambos del tumulto
que venía de la otra habitación
donde tu madre gritaba bajo el efecto
del nuevo aniversario de su hermana, y ella,
sí, ella misma, tan igual, iba, de a poco, adquiriendo
el hábito del desamor o la impaciencia
que la hiciera preferir a lo real el recuerdo
de haber sostenido un par de momentos felices
y ser ella misma, nuevamente, al lado mío, libre,
fluida, auténtica, quizá por miedo, o tal vez, pereza de construir
(mientras nos dejaba a ambos encerrados
en aquella reducida reclusión del tiempo)
algo más que ruinas anacrónicas,
previas al esplendor de cualquier civilización.
Conserva, pues, por eso, allí, tu lengua recluida
a su modesto papel que se reduce, por ahora,
a imitar y chupar, sobre todo, y no intentes
indagar con el lenguaje en las razones
que hacen fracasar las tentativas
y reservan la victoria sólo al tiempo,
ese devenir del que, en un pacto, nos hemos escapado,
los dos solos, sin la palabra y sin el grito,
con apenas la simple, acompasada, respiración.
Que no te preocupe, entonces, esa forma de cambiar;
nos exceden, como ves, esas razones. No son nuestras,
es la tuya que con fuerza se conserva.
Todas nuestras voluntades han sido sepultadas.


Inédito


Benjamin en Moscú


Da gusto ver la manera
en que ella deshace, así, con cuidado,
el equipaje vulgar, y se queda,
porque fueron, increíblemente, de su gusto,
con dos de las corbatas, para luego
ponerse largamente a comentar
las lecturas de su infancia y los tormentos
que dejan a los oyentes invisibles, estupefactos,
como fue la confusión de su cara cuando oyó
la incomodidad que confesara sentir en ella por la llegada,
aunque, ya entonces, prometería varios encuentros,
y concretaría, cada tanto, algunas visitas por la tarde
(pero él acompañaría a ambos al teatro, y sólo a un acto
quedaría concedida la discreción de la distancia y el placer
de tenerla sentada al lado, a pesar de no entender una palabra,
por lo que, luego, él se ubicaría a traducir entre las dos butacas
esos burdos parlamentos que hubiera preferido
abandonar discretamente a la incomprensión), o, a veces,
otras veces, por la noche, tarde, cuando ya empezaba
a desconfiar de su visita, y entendía
que no era lo suyo oficiar de anfitriona
en esa metrópolis silenciosa, que había de hacer comprender
que se requiere del escritor un compromiso
y que reservaría, para los dos, un único momento de oscuridad
en el asiento angosto de un trineo,
silencio duplicado por la nieve, y el frío
de alguna despedida que obligaba
a que vuelva, ya sin márgenes, al hotel,
y al encierro a traducir en alguna
apretada página de Proust, un hilo
de recuerdo ajenos que son propios
y que ya no distinguen referencia ni persona;
o al laberinto de iglesias en ese bosque que fue el Kremlin,
el guardián de Lenin en la entrada o ubicado,
blanco, en el rincón izquierdo de la pared roja,
las imágenes de santos, guardando las fachadas,
desde las cornisas, como pájaros que obtuvieron
refugio bajo el tejado: toda esa riqueza
pesó a sus últimos dueños,
fue adquirida de una forma sin futuro,
murió su estilo, pero también
la mismísima manera de llegar a poseerla,
y afuera, las calles de la ciudad esconden la aldea rusa
en esas casas moscovitas, completamente atiborradas,
que no entienden lo que cuesta involucrarse y decidir,
o sufrir, más aún que el frío, la incertidumbre permanente de su visita,
no por ser un idealista, sino más bien,
un hombre simplemente hecho de sueños,
cada vez más breves, o más amplios, pero concentrados
en su fugaz compañía, que tanto altera como disipa
los miedos y las circunstancias, así como el terror
hacia la víspera de navidad se evapora
en el zumbido encantador de un samovar,
a pesar de que seis semanas no alcanzan
para empezar a moverse a gusto en una ciudad,
porque para sentir un sitio como propio hace falta
haber entrado y salido de él por los cuatro puntos cardinales,
o por lo menos experimentarlo a través de alguien,
a través de ella, que, por la fuerza, hace que ya
no se tenga confianza en sus promesas, y así y todo
sostiene para un hombre la ciudad entera, y se deshace
en un resto de vida privada que conserva
de las fuertes tensiones de lo público, y por eso,
mirando esa figura que ya de espaldas parece que se aleja,
incluso sin moverse, para luego,
camino a la estación, los ojos
nublando la vista de la tarde, con la enorme
valija golpeando las rodillas, se comprende
que Moscú es una mujer
por la que vale la pena pasar frío.

Franco Boczkowski

Nací en Presidencia Roque Sáenz Peña, provincia del Chaco, en 1983. Actualmente resido en Córdoba, donde trabajo como docente. Milito en el Partido Obrero, ejerzo actividad política y sindical. Además, produzco y conduzco el programa radial La Nota Azul, un programa musical centrado en el jazz.
francoboczkowski@gmail.con
Facebook: Franco Boczkowski

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