EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

jueves, 23 de febrero de 2017

LUIS BENÍTEZ



Los cuentos, las novelas y los poemas surgen de un modo singular, pero que es común para cada género. Primero son una sensación, un sentimiento, algo que ocupa cierto volumen en mi mente, con algún peso específico, y que sigue allí, como un enigma. Yo lo llamo “El Fantasma”. Eso no está hecho de palabras, no tiene forma ni mayor sentido, insisto en que es algo como una sensación. Después estoy mirando la tele, conversando con alguien, leyendo o simplemente pensando, y esa sensación se corporiza, se encarna en una frase, un diálogo posible, que generalmente es el comienzo o el final de la obra; raramente está referido a algo que sucederá en la mitad del cuento, en su desarrollo específico. De esa frase primera se desprenden otras y vienen muchas más, hasta que el cuento, el boceto de novela o el poema tiene un comienzo, un desarrollo posible y un final. Ahí paso al primer borrador, “El Monstruo” lo llamo yo, donde adquiere una forma todavía defectuosa, llena de falencias, pero contiene ese escrito ya la mayoría de las acciones y las características que van a conformar el resultado final. Entonces viene una etapa larga, la de corregir y volver a corregir “El Monstruo” hasta que quedo conforme o simplemente ya no puedo más con el texto y me resigno a que ese es su aspecto final. Pueden pasar meses, en medio de todo esto. Y ese período también puede estar afectado por aportes de la televisión, el cine, el teatro o las lecturas y las interrelaciones que establezco con otras personas. Son factores que van modificando el boceto. No suelo investigar en el caso de estar escribiendo un poema o un cuento. Sí, en el caso de encontrarme escribiendo una novela, particularmente investigo los aspectos históricos, políticos, culturales y económicos que hacen a la época en que transcurre la acción ficticia de mi trabajo, lo que yo llamo “la escenografía”. Esto obedece a la necesidad de verosimilitud del texto y a la vez, al conocer los detalles de mi investigación, estos actúan como estímulos creativos. Existe una sinergia: la imaginación acentúa los rasgos de la realidad que más me interesan y los datos de esa realidad, presente o pasada, estimulan mi imaginación.

En el momento específicamente escritural la sensación que prima es la de un desvanecerse de lo físico, no solamente de la consciencia de mi propio cuerpo, sino del mismo entorno, que desaparece también de mi consciencia. Me pregunté muchas veces por este fenómeno y observé que sí tengo sensaciones físicas en la instancia previa al acto de la escritura. En ese prólogo, siento una especie de agitación y tanto mi respiración como el pulso se aceleran (es cuanto alcanzo a percibir); por el contrario, una vez que escribí, la sensación corporal que me embarga es una suerte de amable vacío, como si me hubiese librado de algo. Me siento más liviano y animado, dotado de mayor energía... ciertamente es algo muy agradable, que paulatinamente se desvanece hasta que resurge y se instala nuevamente la sensación física de mí mismo que es más común y habitual.


Poemas


UN INSECTO EN ENERO


mínima en la ventana una presencia activa
apenas diferente del aire en su elemental dibujo

más seis patas y dos alas que el cuerpo verde 
apenas una línea que atravesó 
millones de años en su aleteo
desde los ollares de los dinosaurios
hasta el sobrio y frío presente en mi ventana

nunca fue más grande y jamás abundó:
cuando plantas que hoy son la hierba
alcanzaban alturas y redondeaban formas colosales
unos pocos como él se elevaban
hacia las lejanas copas con no poco esfuerzo
de esas mismas delicadas membranas
que frente a mí apenas mueve o que reposan

allí donde refleja el todo otro vasto mundo
que también le pertenece

su victoria hecha de un silencio seguro
como todas las cosas



EL COTILLÓN DE LAS TINIEBLAS


Las llaves rotas, las monedas sin valor,
esos teléfonos anónimos recobrados de un bolsillo,
el polvo de las paredes, de los muebles, las ventanas.
El polvo que cubre toda la tierra
como un segundo mar, en seco.
Una mancha en la ropa que continúa en la carne,
un grito y después un susurro y después el silencio
que a duras penas se disfraza de resto de la tarde.
Un llamado sin voz, despertarse buscando
un algo indefinido que a nuestro lado se desangra
y difumina y que olvidamos por grados.
Lo que nos amenaza desde una mosca
chillando furiosa en la cortina.
Una misma situación, las idénticas palabras,
que cada cuatro exactos años se repiten
con la morosa precisión con la que baja,
de nuevo, un ascensor.
Las cosas que nos miran fijamente,
desde las vidrieras cerradas,
cada vez que pasamos haciendo
la penosa pantomima de ignorarlas.
Alguien que nos observa desde un lejano edificio,
exactamente cuando vemos sin oírlo
que nos está diciendo algo.

El compacto horror de la tortuga
que nos devuelve al jurásico.



EL EXTRAVAGANTE VIAJERO, RÍO ARRIBA


Entonces lo vi en el agua aceitosa,
regalo de la industria y del odio a lo vivo,
remontando río arriba la corriente:
el salmón imposible,
un monstruo musculoso
ornado de verdes y violetas,
de naranjas y rojos,
en la librea que sólo presta el deseo
a los ansiosos por reproducirlo a toda costa.
Insólito tornasol entre la basura
del río condenado,
como un hombre empecinado
en encontrar el camino que le diga
“soy tu vida”, un regalo
para la candidez empecinada en creer,
un estímulo para los músculos tensados
bajo las ásperas escamas,
una sobredosis de hormonas
inundando el cerebro diminuto.
Y esa boca abierta al deseo de respirar
todavía algo más de su último día,
guardaba la postrera sílaba
de aquellos que no se dejan vencer
ni por su propia idiotez
ni por las aristas de los muelles
donde nunca paran, donde jamás 
por cosa alguna se detienen.



UNA GARZA EN BUENOS AIRES


Algún pincel trazó una rápida letra S
delgada y blanca
sobre el agua castaña y allí estaba
de improviso la garza,
los turistas no la vieron
y ella sí vio todo y a todos, rápida
e inmóvil sobre el milagro del agua.
Un espejo en medio de la ciudad
negligente, pintado de transparente,
un ojal abierto que abrochó en un solo momento
toda la ropa vestida por el invierno.
Ella seguía en la orilla fatal de su propio Amazonas,
la pata desdeñosa replegada contra el cuerpo,
en un decir mi equilibrio está hecho
de una perenne silueta
y de una manera perenne que no los reconoce.
Era un arpón paciente atento sólo al cálculo
entre el berrido juguetón de los patos domésticos,
solamente ella precisa como una diminuta guadaña
en el Jardín Japonés que afable exponía sus gracias,
con esa serenidad oriental que nada sabe
de los bruscos asesinatos de una garza con hambre.
Todos se fueron pero de modo igual yo no vi nada:
faltó un segundo entre las cosas, creí;
un instante en el instante siguiente 
fue sanguinariamente salteado,
pero cuando la garza voló
otra vida que la suya en el estanque faltaba.

Luis Benítez



Nací en Buenos Aires el 10 de noviembre de 1956 y comencé a escribir cuentos y poemas en mi adolescencia. En 1980 publiqué mi primer poemario, “Poemas de la Tierra y la Memoria”. Seguí publicando en Argentina y en Chile, España, Estados Unidos, Francia, Italia, México, el Reino Unido, Rumania, Suecia, Venezuela y Uruguay, tanto poesía como novelas, ensayos y cuentos. En este momento, febrero de 2017, mi obra literaria en esos géneros abarca 36 títulos. Recibí varios reconocimientos por mi obra, tanto en nuestro país como en el exterior.

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