EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

miércoles, 8 de febrero de 2017

SELVA DIPASQUALE

Foto: Selene Morales

Si mi escritura fuese un país, mi primer libro, Camaleón, que publiqué en 1998, sería la Constitución. En su desarrollo están muchos de los temas que persisten en interesarme (naturaleza -vida animal y vegetal-, producción onírica, infancia, luna, la posibilidad de crear a partir de cualquier objeto) y todos los procedimientos a los que suelo recurrir cuando escribo, pinto o bailo. Aunque con los años, claro, los temas de interés se han ampliado.

La escritura y el arte, para mí, implican una contemplación activa del mundo. Y suelo tener muchas imágenes -como un cine en mi cabeza- que intento atrapar para escribir. Admiro a los escritores que pueden describir poéticamente la realidad, los disfruto, pero creo que mi búsqueda o mis mejores poemas no utilizan ese procedimiento. Yo busco atravesar las palabras, los colores, las formas, la realidad, para crear otra, que, tal vez, tenga una reminiscencia de aquella de la que parto, pero que genera un nuevo clima.

En ese sentido, mi cuerpo sería el vehículo para arribar a esa "otra realidad". Y siento desazón cuando las palabras o las imágenes no llegan y una inmensa alegría y tranquilidad cuando la escritura fluye y logro un resultado satisfactorio. Algo en mi interior se calma. 

La poesía es el eje de mi desarrollo en el arte, pero también he experimentado otros lenguajes que involucran de otro modo al cuerpo, como la pintura o la danza. Y si bien las sensaciones físicas y las técnicas al momento de escribir son diferentes al pintar o bailar, finalmente siempre se trata de la búsqueda de una forma. Son letras, colores, movimientos que se encaminan hacía un límite, un borde que resalte su contenido. 

El libro Camaleón, completo, se lo puede leer en una versión actualizada: 
Unos pocos poemas no resistieron el paso del tiempo.  Me gustaría reeditarlo.

Si los poemas no aparecen en una sola sentada con sus palabras y su música -esos suelen ser los mejores poemas- tomo notas siempre a mano, que guardo mucho tiempo, a veces años, y en algún momento las retomo y llega el día en que puedo darles ese golpe de gracia que convierte los borradores en poemas. Leo esas notas en voz alta, camino, me muevo, como si estuviese en un escenario, hasta encontrar las palabras y la música adecuadas. Tacho, reordeno, reescribo y luego paso la versión final a la computadora. O las desecho. 

En algunos períodos tomo notas acerca de mis sueños e intento escribir a partir de ese material. Si bien suele ser muy interesante releer lo soñado, es bastante complejo que de esas anotaciones surjan poemas valiosos. Diría que lo he logrado pocas veces, porque, ¿cómo hacer, cada vez, para que el resultado no sea sólo la mera descripción del mundo onírico, desprovista de toda tensión poética? 

En el 2007 publiqué Meditaciones en el Bosque. Pero pasaron los años y sentí la imperiosa necesidad de revisar y condensar esos poemas. Una pregunta se instaló en el corazón de mi escritura: si nosotros nos transformamos, ¿no se transforman también nuestros poemas? Imagino una nueva publicación de este libro, un poema por página, en un formato rectangular y pequeño. Un libro-objeto. Por el momento puede leerse la versión actualizada y con un nuevo título: El cuaderno del Bosque, en:

También, en Internet se encuentra publicada mi plaquete de poemas Ballyhoo

Tanto El cuaderno del Bosque como Ballyhoo los comencé a escribir estando de viaje, y son un registro de las sensaciones físicas y vivencias en otros paisajes. 

En 2015 salió La Disipación, que puede leerse completo aquí:  
Este libro cuenta la historia, en prosa poética, de dos personajes: Pupé y Oropélida, cuyos cuerpos padecen tremendas transformaciones.

En cuanto a mi último libro La sombra de la mano, publicado en 2015, en el siguiente link, http://poesiaenlaselva.blogspot.com.ar/2016/07/la-sombra-de-la-mano-selva-dipasquale.html 
se puede leer una reseña de Verónica Pérez Arango y ver, al final de la entrada, las pinturas que hice a partir de unas fotografías de Shomei Tomatsu, las cuales dieron origen, también, a los poemas que integran la edición. 

Desde hace muchos años y muy lentamente estoy escribiendo una serie de textos que responden a una experiencia fundamentalmente sensorial: a partir del aroma, sabor, color, textura de algunas plantas: hierbas y especias. Además, estoy investigando la mitología y biología de esas plantas y cómo se nombran en otros idiomas. Y también asocio ideas y palabras a partir del sonido que las designan en castellano. Hice algunos dibujos y pinturas con materia vegetal, en este caso semillas y plantas. Creo que el libro se llamará: Semilla.

Sobre “el cuerpo” me gustaría citar el poema de Arnaldo Antunes:

El cuerpo existe y puede ser tocado. Es suficientemente opaco para que se lo pueda ver. Si te quedaras mirando años se puede ver crecer el cabello. El cuerpo existe porque fue hecho. Por eso tiene un agujero en el medio. El cuerpo existe, dado que exhala olor. Y en cada extremidad existe un dedo. El cuerpo si es cortado expele un líquido rojo. El cuerpo tiene alguien como relleno.


Poemas
De Camaleón

EL CAMALEÓN, MAMA

    Una mañana en la selva
               cubier-
     ta de rocío
                                                EL CAMALEÓN
    murió.
                              
              Y ya no pudo saber
                          que su cuer-  
                               po ERA
                          
    el de
    u
    n
    
    Helado
    Colibrí.



RETRÁCTIL


                                                            Estoy feliz.
                                                            Entonces me pregunto:
                                                           ¿No estaré completamente
                                                            equivocada?


De El Cuarderno del Bosque

18

El pianista toca y toca Chopin con su cabeza de Bombita de Luz. Una paleta. La deja caer para atrás, cada cinco segundos, boqueante, trasparente y dorada. De su cuerpo le crece algo como ramas. Me abraza. Salta del banquito y cae sobre cada tecla. ¡Oh! Si su cabeza de lamparita se rompiera... Mucho polvo. ¡Sería feliz!

19

Soy el bosque (el oso que parpadea).

20

La ardilla (obviamente corre) parece aire. Una dulce y delicada ola.



De La Disipación


Cuando era joven
Oropélida
no pensaba nada.
Con una lamparita
la madre le iluminaba
tanto el cerebro
que le era imposible
ver

sus propias ideas.

El padre
no le dirigía
la palabra.

***

Pupé se engloba
y Oropélida
me mira

(yo mutis)

Oropélida
mira a Pupé
se pincha
el globo
(yo mutis)

Oropélida llora
yo
la consuelo.
Sus lágrimas
tienen gusto
a limón
y un olor
seco.

***

Pupé tiene principios
pero no prioridades.
Todas son prioridades.
Cada prioridad
es un principio.


De La sombra de la mano


Anudo el alma a las sombras
camino.
El sol se detiene en el
duro corazón
de la simetría.
Puntos de luz.
Lo que acaricio
se derrite. 

***

Lágrimas de ácido en el hueco de la memoria.
Raspar, raspar, raspar
pero nada, nada, nada.
Círculos de leche petrificados.
Los fantasmas no tienen
base de sustentación
sí talento para enroscarse
a las raíces oscuras de la hiedra.
Picar, golpear, destruir
encontrar la melodía
del frío de la noche.

***

Por más que se ubique una piedra pequeña y negra en el centro
de la reverberación circular nos despedimos en la turbulencia
-sin memoria- arrasadora de nuestra raíz oscura que ahora
navega hacia una oscuridad mayor.
La textura del oleaje
hace nacer una mujer
con brazos de hojas puntiagudas y cabeza de luna nueva.
La textura de la luz de la luna nueva
hace nacer
un oleaje.

***

En el centro de la flor
en el centro
de la sombra de la mano
brilla exacta
la yema del tiempo

Inéditos



¿QUIÉN VA A CREERME QUE NO SÉ SU ORIGEN?

Mi cuerpo se reclina como un árbol selvático de pensamientos triangulares y henchido de frío.
Descanso las manos en la pileta bajo el agua caliente. Se reparan las hojas vencidas, las patas de pájaro agotado.
De mis manos sale fuego y traspaso la pileta. La incendio. Y así, de a poco, mi cuerpo se va esfumando. Las ramas y las plumas se hacen polvo.
Soy el brazo de un río que se va secando. Navego en mí. Y descubro que tengo recuerdos. Como el del sueño en el que dos piernas cortadas flotan en un arroyo y la corriente las arrastra hacia la casa de los guardianes. Irrumpen. El hilo de agua logra propulsarlas y se encaraman arriba de una tele, se resbalan por detrás, y se ocultan.
Despierto a los guardianes para advertirles que las piernas se encuentran ahí.



CASA DE LA POESÍA

Cuando me tiro de cabeza 
a la pileta
mis piernas se dan vuelta
y caen

lento

como ahora las agujas del reloj. 

El agua y el aire
por un instante
tienen
la misma densidad.

Voy hasta el fondo
y regreso a la superficie
en una sola dirección,

a toda velocidad y con los ojos

bien abiertos.

El cielo está turbio,
se apaga.

Respiro.

Las flores del aromo

flotan.
 


LA GATA LO MIRA CON DESILUSIÓN

Carasius desbordante en la pecera, 
de tan grande no puede nadar. 

¿Un pez sin espacio? 

Lomo naranja magullado 
de alzarlo para cambiar 
el agua. 

Olor: fétido. 

Las marcas de nuestros dedos 
en el cuerpo 
esponjoso y blanquecino. 

Sueño hilachas. 

Pienso: puede morir sin ascender, 
de costado, en flotación, 
solo, 
como una piedra plantada. 


***


En los pétalos
de las alegrías
del hogar
drena
delicadamente
el sufrimiento
del mundo.

Se está formando
un río caudaloso
y en el fondo
escaleras
de pequeños
cristales.

A cada instante
el paisaje vibra
de un modo
diferente
casi imperceptible.

En los pétalos
de las alegrías
del hogar
drena
delicadamente
el sufrimiento
del mundo.

Selva Dipasquale

Soy Selva. Crecí en una casa en la que se militaba en política. Se iba al cine, al teatro y a ver espectáculos musicales con frecuencia. Hija única de un hombre que siempre lideró proyectos colectivos, que no para de soñar y celebrar la amistad, y de una mujer que ama los libros y el arte. Digo que nací con un lápiz saliendo del ombligo para defenderme del mundo. Escribo poesías desde los 9 años. Padezco la soledad interna de los hijos únicos.  Me gusta más escribir que hablar. Hablar me resulta un acto físicamente cansador. Cuando escribo me siento libre y puedo explicar mejor lo que pienso o siento. Si pudiese, viviría más despacio, y más cerca de la naturaleza. Pero, fundamentalmente, más despacio. Y si bien me levanto cada mañana con el peso específico de la historia personal, intento observar parte de la realidad dejándome sorprender. Soy mamá de una hija que me enseña a transitar el ensayo y el error. Trabajo como abogada en el ámbito público y vivo de eso. Publiqué libros de poemas, claro, y a algunos los modificaría y publicaría nuevamente. Soy muy curiosa e incursiono en la danza, las artes visuales y practico desde hace 10 años el Método De Rose. Tengo varios proyectos inconclusos pero avanzo. Coordiné entre el 2006 y 2008 LA INFANCIA DEL PROCEDIMIENTO y desde fines del 2015 coordino EL INFINITO VIAJAR.




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