EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

miércoles, 15 de marzo de 2017

LETICIA HERNANDO



La escritura surge cuando, lo que sea, toca el cuerpo y mueve algo adentro (es un proceso antes físico que intelectual). Hay como una vacilación del ser frente a ese estímulo, un desmoronarse de este cotidiano estar adormecido que, en mi caso, pide ser puesto en palabras, es un imperativo. Macedonio decía que “la metáfora era una prueba de haber vivido”. En este darle forma hay un trabajo intelectual y artesanal a la vez, un saber ciego que se demora en lo opaco de su materia (sea un canto, una idea, una imagen, una disposición en el espacio). El lenguaje es como un nexo entre estas dos opacidades.
Dura un instante y su resolución no tiene fin. Hay poemarios que he tardado casi diez años en darle forma, y poemas que han salido redondos de entrada. Valery decía que un poema no se termina, se abandona…

En esta búsqueda de darle forma puede surgir la investigación de un tema y el diálogo con todo lo que el azar traiga, sea libro, teatro, etc. Cada libro tiene un proceso de escritura y una forma propia. 
Me gustaría aclarar que nunca confundo esta vivencia que hace metáfora con una banal catarsis (en sentido moderno), no es nunca “expresión de un yo”, el "yo" no importa; como tampoco la experiencia que produciría esta “vacilación del ser”, necesariamente con una forma de la tragedia, puede ser perfectamente causada por algo gozoso o feliz.

Cuando pasé a esta pregunta me encontré que su respuesta ya estaba contenida en la anterior. La separación cuerpo/mente es absolutamente ficticia: la mente es un proceso físico, un hecho fisiológico y el cuerpo tiene memoria y saberes que uno desconoce.
Revisando lo escrito me doy cuenta que no dije nada de la voz, de levantar el cuerpo del poema con la voz, ni del placer de probar la sonoridad de las frases, de intercambiar las palabras y rodarlas en la boca.

Me parece que quien más lo expresa nítidamente es Clarece Lispector, aquí un fragmento de su Agua viva, tomado por decisión al azar, porque toda su obra vale de ejemplo:

“No sé sobre qué estoy escribiendo; soy oscura para mí misma. Sólo tuve inicialmente una visión lunar y lúcida, y entonces capturé para mí el instante antes de que muriese, y que perpetuamente muere. No es un mensaje de ideas lo que trasmito y sí una instintiva voluptuosidad de lo que está escondido en la naturaleza y que adivino. Y ésta es una fiesta de palabras. Escribo con signos que son más gesto que voz. Todo esto es lo que me he acostumbrado a pintar revolviendo en la naturaleza íntima de las cosas. Pero ahora ha llegado la hora de parar la pintura para recuperarme, me recupero en estas líneas. Tengo una voz. Del mismo modo como me lanzo en el trazo de mi dibujo, éste es un ejercicio de vida sin planeamiento. El mundo no tiene orden visible y yo sólo tengo el orden de la respiración. Me dejo suceder.”

Poemas

De El viaje, (inédito)


να εύχεσαι νάναι μακρύς ο δρόμος
Desea que el camino sea largo
Constantinos Kavafis


Silencio sobre distancia
ese era el hogar guardado en la memoria
más un crepitar bárbaro de sílabas.

¡Ay de esos viajes que se emprenden a los mismos lugares
pensando que son los mismos lugares!

Partimos
como preparados desde siempre
caballito de Troya, el corazón.

***

                                             
Acá los dioses están llenos de cosas

I

Aunque los caminos se bifurquen 
y no dejen de subir hasta donde escasea el aire,
acá, donde todo es distancia y altura,
las montañas están llenas de colores y de dioses,
y los dioses, llenos de cosas.

Habitan en túmulos de piedras,
en las vueltas de los caminos
mecidos por el viento
allí donde los arrojan, se los encuentra
y hay un nudo de cintas de colores como seña.

II

Son colorados y tienen cuernos
(así lo enseñó el conquistador)
pero también verdes, azules, amarillos.

A veces son introducidos a fuerza de pico y taladro 
en el interior de una montaña
(así se introdujeron en el corazón de los hombres)
y anidan un rincón de roca sin más luz que un pabilo.

Criaturas inconstantes y caprichosas
además de cuernos (como enseñó el conquistador),
tienen botellas de agua ardiente,
tabaco, serpentinas, hojas de coca
y un falo enorme y desproporcionado.
Los llenan de cosas por torcer su voluntad.
Porque los dioses (y eso no lo supo ningún conquistador)
no son ni buenos, ni malos
volubles a las circunstancias
así como vigilan (a pedido del conquistador)
pueden mirar para un costado.

La tierra, en cambio, es un vientre moreno
anterior a dioses, que todo lo contiene.
Hojita de chala, capa de cebolla, la tierra,
todo lo oculta, todo lo da.
Pero hay que saber buscar:
esconde sus frutos como las mujeres su tesoro 
falda sobre falda. 


III

Llegamos con la lengua del conquistador cosida a los labios.
«Gringas», nos dicen, cuando cierran las ventanas
o abren sólo para nosotras el almacén
y comprendo:
no sabemos pronunciar el verdadero nombre de los dioses
ni torcer su voluntad.

***


De El abismo que nos mira (inédito)



–Yo quise entrar en un libro
y ser todas las vidas posibles –dije
como si aún fuéramos partícipes
de un mismo secreto.

–Luego quise estallar 
el orden de las páginas 
y entrar al mundo.

–Entonces me volví feral 
y coleccioné palabras 
sin sentido –agregué 
en voz aún más baja
pero en otros términos,
por miedo a que entendieras.

(Vos reías como el recuerdo: los juegos
eran juegos.)

Guardados en la memoria
las tapias que saltamos,
los misterios del alfabeto:
pozos que nos llevarían al otro lado.

Somos los que se encuentran después de veinte años,
la infancia en la mirada.


De Mar de fondo (inédito)



Escribo
con la lenta pasión de las palabras
mi sitio frente al mar.

Me mece una lengua
que no es tuya 
ni mía
para decir los límites del aire,
enumerar los granitos de arena,
mi parte de este mar.

Corrijo:
en cada corte de verso
crece el rumor del sin sentido.
Me asusto
y pido una corriente que me arrebate,
un miedo tremendo lleno de graznidos y alas,
las carcajadas de la sal.


De Todo lo que calla el que canta, 2015


Leyenda del fuego

[fragmento]

Era un país de fuego y sin sentido. Allí, donde crecen las flores blancas del espanto, se criaban niños como amuletos contra el dolor, o armas para la venganza, pequeñas granadas de piernas veloces, trofeos de mordaza y silencio.
Donde apenas los brotes de alegría, allí, se danzaba alrededor del silencio como otro fuego. La niña decía: “El cielo en los pies, el techo curvando la espalda”, y abría la boca como para la risa.
Así se quedó, quietita, hasta oscurecerse como el carbón.
Cuando ya no se pudieron inventar más fiestas, a hurtadillas de la noche, se escribieron palabras secretas en papeles que se escondían entre las ropas. Y se dieron vueltas alrededor de la casa sin poder entrar, porque a veces hay autos parados en ciertas esquinas que son oscuros –oscuros como el fuego en los pozos de la casa (arden como el miedo)–, llamas lejos, atrás en la memoria.
Mis padres me enseñaron que si alguna materia permanece al ser tocada por el fuego, no es su esencia, no es su forma perfecta e indestructible, sino una mutación: variaciones químicas que pueden guardar complejas relaciones con su forma anterior, pero que a veces olvidan.
—Miente el que encuentra pureza en el fuego —me dijeron—, no limpia nada: de un cuerpo quemado lo que queda es carbón.
(Y me llevaron lejos, mundos adentro.)

[…]

De Loba de sueño rosa, 2010


Niña candida
pequeña erótica iletrada llena de palabras
llamas, siempre nostalgia, 
a los brazos de mi casa.

Porque son las quimeras de la madrugada,
pequeña perversa cándida,
calla. Calla.

Que me engarza a la vida un tímpano en la garganta,
que el vértigo soy yo, 
soy carcajada,
soy el azar bailando en una pata.

Leticia Hernando

Nací en Buenos Aires en 1976. Escribo desde que aprendí a leer, ambas actividades vinieron de la mano y escribir me llevó a armar libritos manuscritos. No tengo formación académica aunque he hecho mi incursión en algunas materias de letras y disfruté muchísimo los cursos de griego con su letras extrañas.
Publiqué: La alegría del desarreglo (2005), Loba de sueño rosa (2010), Prosas del desbarranco (2012), Todo lo que calla el que canta (leyendas), (2015), Pianistas en estrépito y fuga (2016) y tengo inéditos El abismo que nos mira, Mar de fondo y El viaje. Además de un poemario escrito en colaboración con Dafne Pidemunt: Jardín botánico y un cuento infantil escrito para mi sobrina Lola.
Me incluyeron en la antología: Si Hamlet duda le daremos muerte: antología de poesía salvaje, (Libros de la Talita Dorada, 2010).
Desde el 2010 a la actualidad me encuentro desarrollando el proyecto editorial: La mariposa y la iguana junto a la poeta Dafne Pidemunt. Trabajamos de forma autogestiva y cuidamos muchísimo nuestro catálogo, publicamos sólo libros que nos de gusto leer, generalmente son de poesía y temáticas de género y diversidad. La editorial nos permite vivir de lo que amamos y viajar con los libros. También, pensando libros posibles, me dio la experiencia de la traducción y descubrí que es una forma maravillosa de leer. Así me animé primero con La cruzada de los niños de Marcel Schwob, luego vinieron algunos cuentos de Virginia Woolf y un inabarcable Pessoa.
Por metonimia, supongo, me surge una atracción por los papeles y su textura, el arte de plegarlo que es el origami y, en mi caso, es el origami modular ya que mi imaginación tiende a lo abstracto. Y mezclando un poco todo porque siempre todo se mezcla, me puse a desarrollar una colección: Librorigami, donde pienso ciertos textos en relación al plegado del papel y así escribí dos pequeños textos: Astronautas y Monstruos.

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