EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

lunes, 20 de marzo de 2017

ROBERTO APPRATTO



En realidad, le presto atención a todo lo mencionado: las imágenes internas, vinculados con los sueños y las lecturas, más la noción de realidad y de paisaje, tanto exterior como interior, aportan elementos que decanto en el momento de la escritura, sobre todo por la consideración del sonido. Es un lugar común hablar del sonido en la poesía,  pero debo recurrir  a él como explicación de la construcción del poema, así como de su fracaso. Uno escucha lo que escuchó antes, pero trasplantándolo al espacio de la página, y si le erra en el sonido de los cortes, en la prolongación o la restricción de las imágenes que van surgiendo como respuesta, pierde lo que escuchó y su versión de lo que escuchó. No investigo sobre un tema: trato de ser fiel al momento de la concepción de la imagen inicial, la que determinó la necesidad de la escritura; o sea, me investigo a mí mismo o a mi capacidad de retener sonidos significantes a partir de un estímulo cualquiera.
Por supuesto que veo películas, tanto como leo libros o escucho música. El proceso creativo se nutre de la relación entre distintas textualidades: agregaría el modo de lectura de un poema ajeno como otra fuente de inspiración; cómo se acentúan las palabras, cómo se respira, qué tipo de pausas determinan el surgimiento de una nueva línea de acción.

He pensado a menudo en lo que pasa con el cuerpo, pero no más que eso. No es que lo descarte: no es lo mío. Mi poesía solo intelectualmente pasa por el cuerpo. Sí he especulado muchas veces con el silencio y con la postura corporal en el momento de escribir, así como con la respiración durante el proceso. Hay muchos escritores: Kafka, por ejemplo, o Proust, Sarduy o Joyce, que introducen el cuerpo en el referente de su escritura de manera notable, pero no tengo ningún fragmento a mano para compartir. En otros casos el cuerpo se utiliza de manera agónica, como emblema del sufrimiento o exhibición sexual, y eso no me interesa. 



Poemas



1

en ese punto donde estaba el éxtasis está el cuerpo que veo
en movimiento hacia otros lados en presente.
las pequeñas historias que narra son situaciones en que hacía
lo que no puedo ver:  conversaciones, encuentros, viajes
que parece que hubieran durado más. entre una y otra cosa,
entre el pensamiento y las palabras, está el espacio del éxtasis
que se proyecta hasta un momento antes y cae ligeramente al suelo
sin hacer ruido. esa sabiduría que a veces le veo, cuando mira para otro lado,
está en el cuerpo, que era otro, pero no tanto. en la voz,  donde se palpan
las curvas del sentimiento al entrar y al salir de lugares invisibles
y aquí está, sin decir nada. ese misterio, igual, se ve:
el amor a lo que no se sabe limpia el espacio,
pasa la mano por la historia como si se pudiera. el éxtasis
no levanta la voz pero le suena en el cuerpo.



 2

Estábamos sentados en un jardín, a altas horas de la noche.
Estábamos pensando en el futuro, pero hablábamos de otra cosa.
Los árboles no se veían.
Sí se escuchaba el ruido de las olas, los grillos, el viento
que agitaba las ramas a unos metros.
En el futuro había otras imágenes que seguíamos mirando.
Lo que decíamos quedaba suspendido en el aire y caía
entre los gritos de un asado, quién sabe dónde.
Esas imágenes eran reproducciones de un deseo
que ya conocíamos. Escenas entrecortadas, sin sonido,
que pasaban por el paisaje de tanto en tanto
como una respiración de la charla.
Tomábamos la calma de la noche como una ocasión,
un corte en el espacio para que se metieran las ideas
a su debido tiempo. Estar en el jardín era el éxtasis
que nos hacía más sabios, como si hubiéramos llegado al punto
del agotamiento del mundo, en silencio y sin mirarnos
salvo para confirmar la revisión de nuestras vidas
a la luz de la noche. Como si fuéramos poetas
que trabajan sobre la nada, y cada sonido fuera una palabra
para designar otra cosa hundida en el fondo de la historia,
que en última instancia  era un espacio,
el que teníamos después de todo. Cuando nos callamos
algo seguía hablando: no del fresco de la noche
ni del canto de un pájaro, ni de cómo iba a estar al otro día,
sino de eso que empezaba o terminaba ahí sin que pudiéramos nombrarlo. 



3

Qué significa amar  a esa mujer que está en las fotos.
Cientos de fotos en distintas posturas, gestos, actitudes,
colores, en un sillón, de espaldas en el agua, con otra ropa,
casi a oscuras, con calor, mirando. Distintos momentos
en que yo no estaba, ella sí. Amar eso es sentir nostalgia
de lo que no se tuvo, ganas de haber  estado, al menos,
cerca o en la misma estación. No se puede. Sin embargo
voy igual,  a ver qué esconde
la identidad móvil de esas fotos, que se pierde sin saber
quién es, pero está, firme, aunque no se pueda tocar:
un aire, un modo, una respiración, una cualidad que no se dice
pero aguanta la mirada. Pierdo el aire cuando llego al punto
que se disuelve en los tiempos que esas imágenes casuales
dejan a la vista, como si nada.  Es  la continuidad de eso
que está sin estar, lo que se mueve entre una foto y otra.
No es lo que se ve: es la naturaleza entera
que respira en el medio, el cuerpo suelto, el brillo
de los ojos donde  yo no estaba.  Es la coincidencia,
en ese cuerpo, de varios modos de captar su historia
de un solo golpe, sin pensamiento  que retenga
más allá del presente donde vibra.  Eso
es lo que no tengo por más que me quede
en silencio y me pregunte hasta dónde,
mientras miro.

 
                                       
4

Tengo para escribir cuatro poemas
Todos al mismo tiempo, material
Hay de sobra, puedo escribir más si quiero
Pero alcanzaría con cuatro: tomo aire
Y meto unas palabras en el primero,
Paro con ése y sigo así hasta el cuarto
Hasta que llego a una cantidad suficiente
De palabras en cada uno y termino,
No sé cómo pero termino más o menos a tiempo
Para dar una vuelta y decirme: tengo cuatro poemas,
Todos en un rato, y así día a día  llego
A ciento veinte poemas por mes y a mil
Cuatrocientos cuarenta por año, lo cual
Está bien. Novelas
Serían un poco menos.


Roberto Appratto

Nací en Montevideo en 1950. Me recibí de Profesor de Literatura y di clases, en Educación Secundaria y Terciaria, tanto de literatura como de guion cinematográfico, muchos años. Publiqué varios libros de poesía y de narrativa y ejercí la crítica literaria y cinematográfica, tanto en Uruguay como en el exterior. Sigo escribiendo poesía y narrativa, tanto ficcional como ensayística. 

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